Capítulo VIII: Sanatos, el Cazador de Demonios.

El barco estaba casi completo cuando llegaron. La sensación de subirse a uno le causó a Namarié la misma admiración que a un niño, ¿como podía aquello tan grande y tan lleno de gente flotar?

Abandonaron la cubierta y se dirigieron al interior del barco. Había una pequeña cantina en la cual se vendía no solo alimento y bebida, sino también todo tipo de mercancía necesaria: componentes para las diversas profesiones, objetos que servían para las batallas, etc.

También había gente de todo tipo: elfos, humanos, enanos, pícaros, magos, sacerdotes, cazadores con la mascota. Algunos iban vestidos normal y otros iban con armaduras relucientes preparados para la guerra. La diversidad del tipo de gente era realmente amplia.

Justo al fondo se encontraban las dependencias del capitán del barco. Los capitanes vivían en estas grandes estructuras de madera por lo que era todo para ellos y sus familias.

Ante la sensación de que Namarié parecía sentirse incómoda Jandria le dijo:

– Namarié, puedes ir donde quieras del barco si no te apetece estar aquí dentro con nosotros.

Así que sin dudarlo ni un segundo decidió salir de nuevo a la cubierta para sentir la brisa del mar. Esta brisa húmeda y la sensación que daba en el barco le resultaba extremadamente agradable, acompañado del sonido del agua mientras navegaba.

Las aguas eran claras y podía ver bien muchas de las criaturas que habitaban el océano. Y es que tampoco parecía demasiado profundo.

Casi sin darse cuenta sonó una campana. Y es que habían llegado a su destino. La verdad es que se le había hecho corto, pero el viaje había durado casi una hora.

Escuchó una voz familiar que salía del interior del barco.

– La vuelta será más corta si el viento sigue soplando así.

Namarié se giró y vio a su padre hablar con un marinero según salían a buscar a Namarié a la cubierta del barco. Poco a poco, iba saliendo más gente y se veía cada vez más cerca el grandioso muelle de las costas de Auberdine.

Los viajeros fueron bajado poco a poco del barco y ellos también mezclados entre la multitud. Había otro barco en el muelle, a lo que Namarié en seguida preguntó:

– ¿Sabéis a dónde va ese barco?

– Al otro continente, los Reinos del Este. Concretamente al Puerto de Menethil -contestó un elfo antes que les diera tiempo a sus padres contestar.

El extraño siguió su camino, no sin dejar de observarlo Namarié. Le había visto de vez en cuando en la ciudad de Darnassus, había coincidido con él en alguna ocasión aunque no era de los que pasaban por allí demasiado tiempo. Cuando sus ojos le iban perdiendo de vista, vió como saludaba a un enano robusto con una alegre sonrisa. Jandria agarró del brazo a Namarié.

– No te distraigas cariño, si no acabaremos perdiéndote de vista.

Y así echaron a andar los tres hasta el pueblo.

Llegaron a un caserón donde también se recibía a los viajeros con bebida y comida. «Vaya, parece que en la vida en lo único que se piensa es en beber y comer» pensó para sí misma.

– Escucha Namarié, nosotros tenemos compras que hacer y normalmente vamos por separado tu madre y yo. Puedes ir con quien quieras de los dos -dijo Firodren.

– Iré con madre, pero lo que sí me gustaría sería dar un paseo por el pueblo por mi cuenta en algún momento. ¿Habría algún inconveniente en ello?

Sus padres se miraron entre ellos. Pensaron en que siempre había sido una chica responsable y no había dado muchos problemas, por lo que accedieron a ello.

– Claro que puedes, hija.

Y así, agarrada del brazo de su madre, Namarié paseó por las escasas calles. Había pocas casas, todo hay que decirlo, pero en ellas había todo tipo de objetos. No hay que olvidar que era la única conexión que había con la ciudad de Darnassus. De ahí su importancia en comercios. Los había de todo tipo: vestidos de tela, trajes de malla, de cuero. Los guerreros reparaban sus armaduras estropeadas de las pequeñas batallas que se creaban en los alrededores, los magos y brujos ajustaban sus ropajes de tela. Había maestros de todas las profesiones y maestros de clases, que con sus discípulos llegaban en ese momento para comer algo tras una larga mañana de prácticas con todo tipo de criaturas y bestias. Había maestros de batalla que venían de luchar contra la horda. Y así, un largo número de gente que habitaba la realidad del mundo real.

 

– Madre -dijo- ¿puedo pasear un rato sola?

– Claro, pero no te alejes demasiado. Quiero decir que no salgas del pueblo, hay bestias que atacan a personas indefensas y si lo haces es mejor que estés acompañada por nosotros. Cuando terminemos lo que tenemos que hacer aquí, si quieres, puedes venirte con nosotros a las afueras a ver algunas plantas que necesita tu padre. Hay  ejemplares distintos en algunos lugares. Así que si lo deseas en una hora más o menos nos podemos ver en la Poza de la Luna que hay en el centro del pueblo.

– De acuerdo. Muchas gracias madre.

Y así siguió caminando y observando todo tipo de objetos y de gente. Estaba realmente asombrada y emocionada por tanta información que estaba recibiendo ante sus ojos. ¿Era tal como lo había imaginado? Rotundamente no. Había más de lo que esperaba y, por su puesto, le encantaba.

Mientras miraba distraídamente se percató que, cerca de donde estaba ella pero al otro lado de un puente, estaban el elfo que le contestó al bajar del barco y el enano que tanto le había llamado la atención, ambos hablando y enfrascados en una conversación que parecía ser interesante. Esto no hizo más que avivar su curiosidad por ambos personajes. Por lo que al final se acercó un poco más  por ver de qué podrían estar hablando.

Y así, disimulando, pudo escuchar del enano.

– Illidian se ha autoproclamado Señor de Terrallende y se ha asentado en el Templo Oscuro. Se ha convertido en un brujo mucho más poderoso, absorviendo los poderes de la Calavera de Gul´dan. También ha intentado ocupar el Trono Helado de Kil’jaeden. Además, ha emprendido una guerra contra la Ciudad de Shattrath, en vez de unirse a sus ciudadanos para combatir contra la Legión Ardiente. Kael’thas Caminante del Sol se ha unido a él y estan en continua batalla contra Shattrath. Es una locura lo que se está viviendo.

– Sí, es una locura. Necesitamos más gente aunque sea gente nueva o sin experiencia, da lo mismo. Aquí lo importante es que esto no va a acabar de la noche a la mañana. Nuestros enemigos se hacen más fuertes y no hay manera de pararlos sin refuerzos. Todas las hermandades de la Alianza se están uniendo para combatir contra ello.

– Saludos hermanos -dijo una tercera voz, en este caso humana. Siento la tardanza, pero es que no me ha sido posible llegar antes.

– No te preocupes hermano. Cuentanos que novedades traes de Ventormenta.

– Se está reclutando gente para la guerra. Se ha reunido a todos los maestros de clases para que se esfuercen en encontrar gente nueva con ganas de combatir. Se ha llamado a los maestros de hermandad para que se reunan en Ventormenta y recibir órdenes para dentro de tres días. Creo que deberás partir cuanto antes, Sanatos, si quieres llegar a tiempo para dicha reunión.

Namarié no pudo contenerse y giró su cabeza. Creía haber oído ese nombre en algún lugar, pero no sabía exactamente dónde…

– Sí, lo haré. Partiré en el próximo barco hacia los Reinos del Este. No sin antes terminar la misión que he venido a hacer. Se me encomendó hace mucho tiempo y dí mi palabra de hacerlo. Sé que en el fondo nos va a servir de mucha ayuda.

– ¿La has visto? -preguntó el humano.

– Sí, ha llegado esta misma mañana a Auberdine. Tiene que estar por alguna parte del pueblo, curioseando supongo. Como es ella.

Una sonrisa recorrió a los tres.

De súbito, Namarié retiró la cara que seguía mirandoles y decidió irse. Tuvo la sensación de que no debía seguir mirando al grupo y que la conversación no debería haberla escuchado, al menos en parte.

Aún así, pensó: ¿a quién buscaban? Y meditando fue andando hasta la Poza de la Luna donde había quedado con sus padres.

Por el camino vió una multitud que se reunía en torno a un hombre. Se acercó para ver lo que pasaba y vio como sacaba un pergamino y se ponía a leer:

–  Noticias de Ventormenta. Se hace saber en nombre del Mayor Samuelson a todos los maestros de hermandades de la Alianza, que quedan convocados para reunirse en el Castillo de Ventormenta para dentro de tres días, ya que se están indicando las instrucciónes que tienen que seguir para el reclutamiento inminente de gente para la batalla. De ellos será la responsabilidad de darles las pautas sobre la guerra…

– Saludos, Namarié -dijo una voz casi susurrándole a su oído, que le hizo salir del discurso que estaba siguiendo.

Namarié giró su cabeza y vio a un elfo alto, que no hizo más que causar en ella admiración y respeto. Llevaba el pelo blanco y largo, un gran arco le colgaba de la espalda y un carcaj con flechas, así como un gran hacha y una mochila. Vestía ropas de cuero duro, gandes hombreras, lo que indicaba que estaba preparado para ir a alguna batalla. Iba acompañado detrás de un gran tigre, que causó que Namarié se asustase al verlo.

– No te asustes, no hace nada si no está en combate. Acaba de comer y está relajada. Su nombre es Trish y es muy buena, una gran cuidadora y vigilante. Mi nombre es Sanatos, el Cazador de Demonios.

Y en ese instante se dió cuenta que era el mismo hombre que le habló al salir del barco y que se había reunido con el enano y el humano al otro lado del puente, solo que había cambiado sus ropajes de viaje por ropa buena de guerra. Buscó con su mirada a los otros dos personajes y en seguida los vió al fondo, esperando al elfo y mirándola entre la gente. De repente, sintió una mezcla de miedo y curiosidad. ¿Se referían a ella cuando hablaban de buscar a una persona en concreto? ¿Que querían de ella? Y lo peor de todo, ¿la iban a secuestrar para irse con su hermandad a matar a Illidian?

Todo esto se debió de ver reflejado en su cara, porque en seguida Sanatos la tocó el hombro y la dijo:

– Tranquila. He de decirte que he estado vigilándote durante mucho tiempo, me costó encontrarte. Pero tengo un mensaje que he estado guardando durante mucho tiempo en mi corazón. Luché con tu padre, Harold, contra la horda. Y murió en mis brazos.

Namarié no pudo contener una cara de asombro y, de repente, se humedecieron sus ojos no pudiendo articular palabra alguna, por lo que Sanatos continuó hablando.

– No tengo mucho tiempo para darte muchas explicaciones que te estarán rondando por tu cabeza, supongo. Pero tengo que decirte algo. Tu padre nunca pensó que tu madre fallecería ni que todo el desastre que hubo después en Ventormenta iba a suceder. Pero si era muy consciente de que pasase lo que pasase, tu madre iba a luchar por que las dos estuvieseis a salvo. Mucha gente murió en aquellas batallas, pero necesito que sepas que aún te queda familia en Ventormenta. Los conozco muy bien, porque me han recibido como a un familiar más siempre que he ido. No saben todo lo que ha sucedido en tu vida. Piensan que tanto tu como tu madre tieneis que estar en algun lugar, pero no saben donde exactamente, ni si estais ni si quiera vivas o muertas. Tu padre me pidió que os vigilara y cuidara de vosotras, pero cuando llegué a Ventormenta era ya demasiado tarde. Indagando y buscando información supe sobre la partida de tu madre en barco nada más nacer tú y de vuestra llegada a la Aldea de Rut´theran, así como de su muerte y tu infancia en Darnassus. Ya que no podía acercarme a tí ni hablar contigo, puesto que siempre has estado muy vigilada tanto por tus padres como por Tyrande y Malfurion, he tenido que esperar a que salieses sin «escolta», pero no he podido esperar mucho más, por lo que he decidido hablar contigo en el día de hoy.

«Mientras veía la oportunidad de poder hablar contigo y de ver tus progresos he procurado que, al menos, la tumba de Elisa, fuera digna de una gran mujer procurado mantenerla con velas encendidas para que no se apagase nunca su Luz.

«Pero sin salirme del tema principal, si quieres saber más sobre todo, deberás venir a Ventormenta. No te pido que vengas conmigo ahora mismo, yo tengo que salir en el día de hoy hacia allá. Piensalo y busca el momento en que estés preparada para hacerlo. Estaré allí durante dos semanas, porque tenemos misiones encomendadas, como has podido escuchar, que vienen directamente del Mayor Samuelson. Pero te esperamos con los brazos abiertos. En el fondo se esconde dentro de ti una gran mision y sé que lo sabes pero no quieres hacerlo. Pero algun día tendras que decidir entre la vida cómoda que te dan tus padres adoptivos, o sacar tu verdadera vocación, la que han tenido tus padres verdaderos y la que tienen tus familiares.

«Tu familia de verdad te espera, Namarié. Pero solo está en tus manos el querer ir a verles o no. No obstante, a partir de ahora, yo voy a hablar con ellos sobre tu existencia, ya que estoy en deuda con ellos y porque sé que tu padre es lo que quería.  Y si quieres saberlo todo y vas a Ventormenta, pregunta por mí, Sanatos el Cazador de Demonios, Maestro de la Alianza de Simbelmynë«.

Esto último lo dijo mientras le daba un papel que no pudo abrir en aquel momento, decidiendo hacerlo en un momento en que se encontrase un poco más tranquila y a solas.

Volvió a girar la cabeza y Sanatos no estaba, como tampoco sus otros dos acompañantes.

Cuando empezó a recuperar la realidad el discurso estaba acabado y la gente se estaba empezando a mover de un sitio a otro. Se puso en camino hacia la Poza de la Luna. Aún no habían llegado sus padres y pensó que estaba mejor así, puesto que su cara aún reflejaba el momento de emociones que estaba viviendo. Se sentó y abriendo el papel vio que ponía:

 

«Para ir a Ventormenta  tienes que ir en barco al Puerto de Menethil, barco que encontrarás en Auberdine. Una vez allí, por una moneda de un oro puedes coger un grifo que te lleva directamente a la ciudad. Cuando llegues, pregunta por mi a cualquier soldado que custodia la ciudad, conocen a todos los maestros de hermandad.

Tu familia reside en el Barrio de los Magos. Pero me gustaría que hablaras conmigo antes de presentarte allí, si es que deseas de verdad ir. Suelo andar por el Casco Antiguo, en la Cantina de El Cerdo Borracho me conocen bien. Pero si no, pregunta por Ully, que suele rondar entre el Barrio de los Enanos y la Ciudad de Forjaz. A Ully le reconocerás porque le has visto hoy conmigo por Auberdine, es el enano que suele ir conmigo a todas partes.

Espero verte pronto, Namarié. Nuevas aventuras nos esperan.

Saludos,

Sanatos».

Cerró rápidamente la nota, y miró a su alrededor. Su padre se estaba acercando. Y su madre, por otro lado, también se veía a punto de llegar para reunirse los tres.

Se le habían quitado las ganas de ir a ver ninguna planta ni de ver nada fuera del pueblo. Solo pensaba en la nota que había recibido y en que debía pensar en una toma de decisión que pensaba que no iba a llegar nunca, decisión que ahora estaba demasiado cerca.

– ¿Podemos irnos pronto a casa? -preguntó a Jandria y a Firodren cuando llegaron al punto donde estaba ella-. No me encuentro demasiado bien, tengo un leve dolor de cabeza.

Sus padres se quedaron asombrados, sabiendo como era ella. Leyeron en su rostro que algo había pasado durante la ausencia de ambos y se temieron el momento. Así que decidieron dar media vuelta e ir de nuevo al muelle, para subirse lo antes posible al barco que les devolvería a su casa.

2 Comments
  1. Reply Fonko 24 abril, 2011 at 15:59

    ¿Sanatos era el main de Diego en aquel entonces? ¿Un cazador? l0l
    La historia empieza a coger ritmo, parece que la historia de Namarié se acerca al primer punto de giro importante. ¡Estoy deseando leer el siguiente capítulo!

  2. Reply Norman 28 abril, 2011 at 7:51

    Sanatos fue mi primer PJ y con el llegue a Raidear hasta karazhan. Pero cuando Nama entro en el mundo del wow, me hice el sacer para subirlo con ella….
    Que cambios da la vida… xD

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