Capitulo X: El Principio de un Viaje.

Tras el sueño Namarié empezó a preparar su marcha.

Hizo sus últimas visitas a la biblioteca de Dolanaar para buscar información sobre los sitios que iba a conocer. La información no era muy nueva ya que había leído casi todos los libros que había. También cabe decir que la biblioteca no era demasiado extensa pero sí contenía la información más básica sobre el mundo y las historias que le han rodeado desde antaño.

Fue despidiéndose de sus conocidos. Se trataba de una despedida agridulce ya que dejaba atrás a gente querida pero por otro lado, tras la visión que le concedió Tyrande, sabía que no era un adiós sino un hasta luego. Cuando tuviese la oportunidad pensaba volver a Darnassus.

Por supuesto visitó también a Tyrande y a Malfurion en el templo. No quería partir sin despedirse de ellos y sin recibir las bendiciones, esta vez mucho más importantes que las que recibió unas semanas atrás cuando quiso salir por primera vez a explorar un poco de mundo. Agradeció a Tyrande por darle esa visión y por enseñarle tanto en este corto tiempo de su vida.

Y el día al fin llegó. Con las primeras luces del alba se encontraban tanto ella como sus padres saliendo por la puerta del que había sido hasta ese día su hogar.

Cuando llegaron a la Aldea de Rut´theran el barco llevaba un tiempo atracado. Mientras los viajeros empezaban a subir Firodren fue contando una última historia:

– Cuando Ventormenta fue reconstruida se decidió prescindir del puerto. Fortificaron toda la ciudad para que fuese más segura y con dos únicas entradas, la principal y el tren subterráneo que la comunica con la ciudad de Forjaz. Fue llamada «Nueva Ventormenta» pero al final se ha quedado con su nombre original que es el mismo que conocemos hoy en día. Allí encontrarás a todas las razas de la alianza. Entre ellos se encuentran una inmensa cantidad de artesanos y maestros. Todas las razas respetan las tradiciones de la ciudad. Y desde la Catedral de Ventormenta se toca todas las tades una melodía con campanas en honor a los elfos de la noche que no están acostumbrados a vivir en ciudades y estos gurdan siempre luto en el aniversario de la caída de Dalaran. Los enanos tienen su propio barrio. La gente viste allí de manera casual pero cuando hay actos culturales se ponen sus mejores galas. La temperatura es mucho más cálida que la que tenemos aquí. En cuanto a sus creencias tienen la fe de la Luz Sagrada y casi todos la respetan. El Rey actual te va a sorprender ya que se trata de un niño, Anduin Wrynn. Y es que el verdadero Rey, su padre Varian Wrynn, está secuestrado. No se sabe exactamente dónde se encuentra retenido, las últimas noticias que llegaron es que puede encontrarse en la Isla de Alcaz. Fue suecuestrado mientras viajaba a Theramore para hablar con Lady Jaina Valiente para considerar las relaciones entre la Horda y la Alianza. Mientras viajaba en barco fue abordado por Defias que habían descubierto su viaje por un espía de Ventormenta. Aunque el Rey es Anduin, al ser menor no puede gobernar, así que depende de Bolvar Fordragon que es el Regente y de Lady Prestor que es la asesora real.

Había contado muchas historias pero la forma de contar esta última y la expresión que tenía en sus ojos denotaban tristeza. Una voz desde el barco invitaba a los viajeros a subir por última vez. Namarié abrazó y besó a sus padres con grandes lágrimas en los ojos.

– ¿De verdad no queréis acompañarme hasta Auberdine? Serían al menos unas cuantas horas más los tres juntos.

– No hija -contestó Jandria con un nudo en la garganta-. Creemos que este viaje lo tienes que vivir desde el principio tú sola, así que es mejor que empieces tu aventura desde el momento que zarpes en este barco.

Así que recogió su equipaje y embarcó. Al llegar arriba se asomó para despedirse por útlima vez mientras el barco zarpaba.

No sabía cuándo iba a a verles nuevamente. Y entre sus lágrimas y el recorrido que iba haciendo el barco según se iba adentrando en alta mar, la aldea de Rut´theran se fue convirtiendo en un pequeño punto borroso en el horizonte. Qué diferencia tan grande de sentimientos entre el viaje anterior y este: uno lleno de emoción y otro lleno de tristeza.

Una hora después llegaba a Auberdine. Tenía un par de horas para coger el otro barco así que aprovechó el tiempo para distraerse dando una vuelta por la aldea. Pensó en la última vez que estuvo paseando por allí y en cómo esa visita había cambiando tanto su vida. Observaba distraidamente a la gente que se estaba empezando a despertar y a dar vida a la aldea pensando en la posibilidad de encontrar alguno de los personajes que vio acompañando a Sanatos o al propio Sanatos.

Al cabo de un rato decidió volver al muelle.

El barco que le llevaría al Puerto de Menethil, el Lady Mehley, se encontraba atracado y en un rato zarparía. No le apetecía mucho más caminar así que decidió subir y esperar allí. Era mucho más grande que el que iba de Rut´theran a Auberdine. Al ser un viaje de tres días tenía en su interior camarotes para viajeros a los que se accedía bajando unas escaleras pasada la taberna. Se trataba de unos camarotes muy pequeños y en cada uno solo había una cama y un pequeño aseo.

Durante los tres días que duró el viaje las actividades dentro del barco eran más bien escasas. Poco a poco fue sintiendo que la pena que le había embargado a su partida se iba transformando en curiosidad por su nuevo destino. Pensaba mucho en el viaje que había hecho su madre con ella recién nacida para huir de la guerra imaginando cómo habría sido.

Al segundo día de viaje el tiempo empeoró con una tormenta que empezó a media tarde y que terminó prácticamente al día siguiente por la mañana. Así que no le quedaba más remedio que quedarse en su camarote o ir a la taberna. Al menos conocía gente nueva que tenía alguna historia que contar. En su camarote se ponía a escribir un pequeño diario que acababa de empezar y cartas a sus padres que daría a un mensajero nada más llegar al puerto.

Llegó el tercer y último día de viaje. Tras el desayuno terminó de preparar sus cosas. Aún quedaban algunas horas para llegar a su destino.

Después de la comida fue al camarote por última vez para recoger el equipaje y subió a cubierta para esperar la llegada a su destino. Al poco rato empezó a ver tierra y poco a poco le pareció ver la silueta de un castillo de piedra en lo alto de un terreno. Según se fue acercando pudo distinguir mejor el terreno de Menethil. Estaba rodeado de agua por todas partes como un islote y el castillo estaba rodeado de casas.

Al fin el barco llegó a puerto el cual tenía una gran actividad. Había barcos de mercancías que llegaban para descargar así como otros que esperaban para llevar productos hacia otras tierras. También había barcos de pescadores atracados y preparándose para una noche de faena intensa. Al otro lado del muelle había otro gran barco similar al Lady Mehley que llevaba a otra zona de Kalimdor, más al centro del continente cuyo nombre es Isla de Theramore en Marjal Revolcafango. Ya en la ciudad se veía que tenía una muralla que solo bordeaba una mitad de la isla y en medio de dicha muralla había un gran arco con una puerta de madera gruesa por donde se accedía a la cuidad atravesando un puente de piedra. Al otro lado del puente se encontraban Los Humedales, zona pantanosa con alguna que otra criatura exótica. Era la única manera de entrar en la ciudad a pie ya que la otra opción era entrar por mar o en grifo, aunque se dice que hay un camino secreto que lo comunica con una de las ciudades, posiblemente Forjaz. Pero no se sabe cuanto hay de leyenda y cuanto de realidad en ello.

Le costó bastante salir del bullicio del puerto, chocante para ella ya que solamente conocía la tranquilidad de Darnassus.

– Realmente curioso, esto es como estar en el mundo al revés.

Consiguió llegar al centro de Menethil y entregar las cartas que había escrito a sus padres durante el viaje. Allí vio a un enano que le era familiar. Éste se acercó con la misma amplia sonrisa que vio por primera vez en Auberdine y extendiendo la mano dijo:

-¡Saludos Namarié! Pensé que entre tanta gente no conseguiría localizarte. Mi nombre es Ully el Tenaz. ¿Qué tal el viaje?

– Bien, aunque llego un poco cansada de tanto movimiento del barco. Muchas gracias -contestó mientras también extendía la mano y él se la besaba cortesmente.

A continuación se acercó un elfo con gran armadura de guerrero brillante, muy similar a la que llevaba Ully. Se trataba de un elfo alto y con cicatrices recibidas en batallas. Lo que le diferenciaba del tipo de elfos como Sanatos era que la melena era un poco más descuidada y sus maneras de andar eran con gracia y algo de chulería.

– Nas -dijo guiñando un ojo y apoyando su mano sobre el hombro de Ully e inclinando su cuerpo hacia él.

Namarié se quedó asombrada con tal saludo, poco cortés ante el que le había brindado Ully pero a la vez gracioso y simpático lo que provocó que sonriese por primera vez en todo el viaje y le hiciese sentir cómoda ante los dos desconocidos.

– Su nombre -dijo Ully- es Brook el Noble. Hemos venido los dos a buscarte y es que Sanatos no ha podido venir ya que tenía una misión pendiente. Pero no te preocupes, estás en buenas manos para la siguiente etapa del viaje que nos espera. Como es tarde y es probable que no lleguemos a tiempo a Ventormenta, ya que cierran las puertas al anochecer, iremos volando a Villa del Lago y allí pasaremos la noche. ¿Qué te parece?

– Por mi bien. Necesito descansar en una cama que se encuentre en tierra firme.

– Estupendo – dijo Ully.

Así que se acercaron al lugar donde estaban los grifos y tomaron uno cada uno.

Sobrevolaron la pequeña ciudad que dejaban atrás y en seguida se encontró subiendo unas grandes montañas. Al atraversarlas Namarié se quedó asombrada y sin habla al ver todo el paisaje de color blanco: era nieve. Jamás había visto la nieve. Lo que sus ojos alcanzaban a ver eran lagos congelados por el frío y pinos que en lugar de verdes se mostraban mayoritariamente blancos, algo muy hermoso para su vista. Se trataba de la región de Dun Morgoth.

Pero de la hermosa nieve pasó a un paisaje totalmente distinto, en la llamada Garganta de Fuego. Éste tenía un paisaje entre gris, marrón y rojo. Prácticamente no había árboles y lo que quedaba de ellos era algún que otro tronco desnudo. También se veían extrañas edificaciones de hierro, alguna de ellas en llamas. Y en lugar de agua, los ríos y lagos tenían lava.

Pasando las siguientes montañas, el paisaje no era mucho mejor. Se trataba de las Estepas Ardientes y predominaban más los tonos rojizos ya que aquí la lava ardiente era mucho más abundante. No había tanto hierro sino que las edificaciones eran más bien piedra pero estaba todo en ruinas prácticamente a excepción de algún edificio que pronto averiguó que se trataba de campamentos de la horda.

La imagen cambió de repente y se vio en un lugar con árboles amarillentos en las copas pero con el resto verde y en la tierra había tonos rojizos pero con más vegetación que los anteriores y abundaba el agua limpia y clara. Habían llegado a lo que se llamaba Montañas de Crestagrana donde había una pequeña ciudad llamada Villa del Lago presidida por el magnífico Lago Sempiterno. La ciudad no parecía demasiado grande, a penas había unos 1500 habitantes y se dedicaban sobre todo a la agricultura. Había también cazadores furtivos y servía de paso a los viajeros.

Estaba gobernada por el Magistrado Solomon que no dejaba de atender la ciudad ante la incursión ocasional de orcos. Había también parte del ejército de Ventormenta que custodiaba la localidad.

Bajaron de los grifos y tras recorrer el pueblo andando a lo largo del lago entraron en la posada.

Una mujer les saludó en seguida:

– ¡¡Saludos viajeros!! Mi nombre es Brianna. ¿En qué puedo ayudarles?

– Somos tres y necesitamos posada para esta noche -dijo Ully-. Al menos dos habitaciones, una para la dama y otra para nosotros dos, ¿es posible?

– ¡Claro! -contestó. Y así subieron las escaleras y al llegar a la primera planta les asignaron las habitaciones.

– Namarié -dijo Brook- cenaremos dentro de un rato, cuando anochezca. Te esperamos en la puerta de la posada. Te recomiendo que salgas a ver el atardecer en el lago, es algo realmente hermoso.

Y sin más Brook se fue a su habitación con Ully y ella cerró la puerta de la suya.

Al rato salió de la habitación para ir a dar un paseo por el pueblo. Se fijó que había gran cantidad de niños y eso le llamó mucho la atención. En el muelle los encontraba pescando o corriendo y había más jugando por todas partes. Fue hacia el puente y se sentó en el borde para ver el atardecer. Los tonos rojizos del pueblo se volvieron más intensos y el reflejo del sol en el agua hizo que el paisaje fuera realmente hermoso tal como le dijo Brook. Se estaba dando cuenta de cuánta diferencia había entre las ciudades de los elfos, donde predominaba mucho la naturaleza y las edificaciones de madera frente a la de los humanos, donde se usaba más la piedra y el paisaje parecía más seco. También era verdad que no conocía mucho Kalimdor ni los Reinos del Este y lo poco que había visto eran las láminas pintadas de los libros.

Al volver vió que tanto Ully como Brook le estaban esperando en la puerta de la posada tal como habían acordado.

– Vamos Namarié. Cenaremos en otro sitio.

Subiendo un poco por el camino llegaron a una gran casa. Dentro había mucha gente y mesas repartidas por todas partes distribuidas en dos plantas. La camarera Gretchen Vogel les recibió y les llevó al fondo donde tenían una mesa preparada para ellos. Pidieron varios platos para comer entre los tres y todo fue comida excepcional: sopa de aleta de murloc («¿murloc? ¡¡qué demonios será eso!!» pensó), huevo a las finas hierbas, carne de lobo carbonizada, costillas de jabalí a la cerveza, solomillo de venado lunar asado, todo ello acompañado de cerveza del capitán Rumsey y un delicioso pastel de chocolate de postre. Tanto le gustó a Namarié, que pensó que una de las primeras cosas que quería aprender era a cocinar todo eso.

Los tres andaban muy contentos con tanta comida y bebida. Namarié se lo estaba pasando realmente bien.

Después fueron como pudieron a la posada y cada uno a sus habitaciones a dormir. Al llegar a la habitación se tumbó y todo le seguía dando tantas vueltas que parecía que aún seguía en el barco. Se dio un baño hasta que se quedó tranquila y al terminar fue directamente a la cama. Se percató del libro que tenía encima de la mesita cuyo título decía: «El Portal Oscuro y la Caída de Ventormenta».

– Vaya, esta historia me suena.

Y con una sonrisa se puso a leer: «Mientras Kil´jaeden preparaba a la horda para su invasión de Azeroth, Medivh continuaba luchando por su alma contra Sargeras. El Rey Llane, noble monarca de Ventormenta, recelaba de la oscuridad que parecía contaminar el espríritu de su nuevo amigo […]» Y tras las primeras páginas al fin quedó dormida.

One Comment
  1. Reply Fonko 21 mayo, 2011 at 21:34

    Me ha encantado el cierre del capítulo. También me ha gustado leer la descripción de Brook, lo parte. ¡Jajaja!

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