Capítulo XV: Sombras en el Ocaso.


Pronto se vieron sumergidos en pleno otoño y el tiempo empeoraba con lluvias constantes.

Las zonas de exploración se iban ampliando y ya eran conocidos los alrededores de Ventormenta como Páramos de Poniente, Montañas Crestagrana, Dun Morogh y Loch Modan, que estaban bien recorridas.

Las clases de bruja seguían siendo intensas. Había aprendido nuevos hechizos como drenar vida, crear piedra de salud o cubrirse de una armadura demoníaca, entre otras. Además también había aprendido hechizos interesantes como controlar demonios durante un determinado tiempo. En cuanto a sus compañeros, además de Ziluri, aprendió a invocar al ya conocido abisario azul, llamado Zag´nuz, muy útil en momentos difíciles.

Cuando no tenía clases ni misiones, rondaba por Ventormenta aprendiendo profesiones. Por supuesto, se estaba especializando en la herbolistería y en la alquimia. Y como lo prometido es deuda, estaba aprendiendo a cocinar que además de alimentar a sus compañeros durante sus salidas en largas misiones, algunas recetas tenían algún ingrediente especial que hacía que algún atributo personal fuera mejorado.

Uno de los días más temerosos fue su entrada al Bosque del Ocaso. Iba acompañada de Érebo y la misión no era demasiado complicada, solamente tenían que ir a Villa Oscura a dejar una carta al Embajador Bayadol y una vez allí se encontrarían con Sanatos.

Llovía en abundancia cuando empezaron a dejar Páramos de Poniente y tras cruzar un puente de madera cubierto llegaron al bosque. Parecía que la lluvia había desaparecido, cuando la realidad era que los árboles eran tan frondosos que a penas dejaban pasar el agua y pensaron que la falta de luz solar en esa zona se debía también a eso. Según se fueron adentrando, había una bruma que se iba haciendo cada vez más espesa.

Este bosque no siempre tuvo este aspecto tan sombrío. Una Elfa de la Noche llamada Velinde Cantoestelar llegó hace tiempo a este bosque llevando la Guadaña de Elune. Se trataba de un arma poderosa. Pero ésta se perdió por el bosque y posteriormente encontrada en la Mina de Roland por un hombre llamado Jitters que, al cogerla, la activó inmediatamente invocando de este modo ferocanis dentro de la mina. Jitters escapó con el arma pero los Jinetes Negros le encontraron en el Paso de la Muerte. Escapando de ellos en dirección a la Colina del Cuervo se adentró en la Granja Yorguen. Los Jinetes le buscaron allí y terminaron asesinando a la esposa de Sven Yorgen y a su familia aún después de que éstos juraran que no sabían donde estaba la Guadaña, mientras Jitters se mantenía oculto siendo testigo de la escena.

Los Jinetes Oscuros del Paso de la Muerte son un misterioso grupo y al parecer una de las principales causas de la corrupción del Bosque del Ocaso. Lo poco que se sabe de ellos viene de Sven Yorgen y el diario de Jitters. Estos Jinetes son aliados del nigromante Morbent Vil.

No existe una descripción física, pero se describen por su forma de hablar, con una voz gritona de manera «áspera y estridente».

Se ha especulado con que estos Jinetes son un grupo de los caballeros de la muerte creados por Gul´dan. Hay rumores de que Teron Sanguino puede tener a cargo estos jinetes en la torre de Karazhan o que pueden estar al mando de alguien aún más siniestro. No está claro si los Jinetes cogieron la Guadaña de Elune y se la llevaron a Karazhan. Lo que está claro es que los habitantes de Villa Oscura luchan contra los no-muertos y los hombres lobo que habitan el bosque.

Villa Oscura se encontraba en el extremo opuesto del Bosque del Ocaso del lugar por el que Érebo y Namarié habían entrado. Fue llamada anteriormente como Gran Aldea y destruida durante la Primera Guerra por la invasión de los orcos y reconstruida más tarde. Pero fue el oscurecimiento de Karazhan lo que corrompió la ciudad y sus alrededores e hizo que se convirtiera en lo que conocemos ahora.

A mitad de camino entre la entrada y Villa Oscura vieron a la izquierda un camino que llevaba al cráter de un volcán antiguo y muerto hace mucho tiempo. Aún así, no dejaba de estar lleno de vida natural y cuenta con uno de los Grandes Árboles que tienen portal del Sueño Esmeralda. Allí se encuentra uno de los Dragones de la Pesadilla, también conocidos como Dragones Esmeralda o los Cuatro Dragones. La historia de estos dragones es que los lugartenientes de mayor confianza de Ysera fueron deformados por un nuevo poder oscuro en el Sueño Esmeralda. Estos centinelas rebeldes han pasado por éstos Grandes Árboles de portal en Azeroth con la intención de difundir la locura y el terror en todo el mundo mortal. Estos cuatro dragones se sitúan en distintos lugares: Bosque del Ocaso (Arboleda del Crepúsculo), Tierras del Interior (Seradane), Feralas (Rama Sueño) y Vallefresno (Sombra de Rama) y sus nombres son Lethon, Emeriss, Ysondre y Taerar.

– ¿Qué pasaría si nos asomamos a echar un vistazo?

– No Namarié, ni se te ocurra tan solo pensarlo. Esos dragones… saben cuándo se está acercando alguien incluso de pensamiento y seguro que están esperando a que alguien lo haga. Tan solo nos asomemos seguramente seremos su presa en un abrir y cerrar de ojos. Es mejor que sigamos nuestro camino y lleguemos cuanto antes a Villa Oscura. Sanatos nos espera y el mensaje debe ser entregado lo antes posible. Además, pronto será de noche y supongo que esto estará más… más oscuro de lo que está ahora.

Sin contradecirle siguieron su camino e intentaron pararse lo menos posible.

Una vez llegaron a Villa Oscura la sensación fue de una ciudad en alerta. Los pocos habitantes que había no salían de sus casas y los que estaban fuera se encontraban vigilando con antorchas y espada en mano mientras iban de un lado para otro. Todos eran considerados vigías del pueblo. En seguida entraron en el Ayuntamento y entregaron el mensaje, no sin haber sido observados por todo el mundo, lo que hacía que se sintieran totalmente cohibidos.

Finalmente entraron en la posada que, salvo un par de personas y los camareros, estaba muy vacía. El contraste era muy fuerte comparado con las posadas que conocían hasta ahora que siempre contaban con un gran bullicio de gente bebiendo, gritando y cantando. Aquí reinaba el silencio y los camareros eran serios y con cara de no confiar en aquellos que no conociesen.

Un elfo que en ese momento estaba sentado en una mesa se giró y les hizo una señal para que se unieran. Era Sanatos y tenía las ropas bastante sucias así como el rostro.

– Hola chicos. ¿Habéis entregado el mensaje al Embajador?.

– Sí -contestaron al unísono.

– Bien.

– ¿Dónde has estado, Sanatos? -preguntó Érebo intrigado por su aspecto.

– Vengo de cruzar el Portal Oscuro. He estado con algunos compañeros explorando por Terrallende y vigilando las amenazas que se nos avecinan. Pero no os preocupéis ahora mismo por eso. Tenéis que pensar en seguir siendo grandes alumnos como hasta ahora. Lo estáis haciendo muy bien y me siento orgulloso de vosotros. Pero ahora tenéis que pensar en quedaros aquí a pasar la noche.

Ambos palidecieron en el mismo momento en que escucharon estas palabras. Pensaron que la vuelta sería más segura y amena con la compañía de su maestro. No les hacía demasiada gracia quedarse en ese lugar, pero volver por el mismo camino por el que vinieron a esas horas solos no era tampoco una buena idea ya que era demasiado peligroso. Y es que la maestra de glifos no se encontraba en su puesto y no podían tomar vuelo a casa porque había toque de queda y a partir de ciertas horas se procuraba que nadie rondase por la calle.

– ¿Por qué no vienes con nosotros y nos acompañas a Ventormenta? -preguntó Namarié con voz temblorosa.

– Tengo cosas que hacer, misiones pendientes en lugares donde no podéis entrar aún. Así que os tengo que dejar chicos. Y no tengáis miedo, el lugar de momento está bien vigilado y aunque no lo parezca es seguro. ¡Buena suerte!

Y sin más les dejó a ambos en la posada. Pidieron una habitación con dos camas, no eran capaces de estar solos y aunque quedaron en hacer guardia por turnos mientras el otro descansaba, no lograron pegar ojo ninguno de los dos en toda la noche. Los ruidos nocturnos eran muy fuertes, lobos aullando, cascos de caballos que iban y venían o el viento golpeando la ventana hacían que no lograsen centrarse en el descanso. Además cada vez que pasaba un vigía bajo su ventana hacía que la habitación se iluminase por su antorcha y siempre uno de los dos se levantaba a mirar a ver si conseguía ver algo más o a intentar escuchar las voces de los vigías para averiguar si pasaba algo o todo estaba tranquilo.

A la mañana siguiente se levantaron y salieron a la calle sin desayunar deseando ver la luz del sol, pero las cosas no habían cambiado. Estaba todo oscuro y parecía que jamás se hacía de día en ese lugar. No obstante la maestra de glifos estaba en su puesto, por lo ni se pensaron dos veces en subirse en uno. Y desde el aire pudieron ver en algunas zonas descubiertas como el Cementerio del Jardín Sereno, la mina de Roland, El Vergel Pútrido, la Hacienda Yorgen o la Granja de Addle. Y también se distinguía la clase de habitantes que tenía con mejor precisión como los no-muertos, ferocanis, lobos, arañas y toda clase de criaturas siniestras. A ambos les recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.

Pronto llegaron a Ventormenta y tuvieron la sensación de haber estado en una pesadilla. Lo que no se imaginaban, es que lugares como éste iban a ver muy a menudo, incluso posiblemente lugares más siniestro que éste.

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