Capítulo XVI: Compañeros.

Tras un pequeño descanso y reponer fuerzas para enfrentarse a nuevos retos, los tres aventureros se pusieron rumbo a Los Humedales. Pensaron pasar unos días inspeccionando la zona antes de embarcar hacia el otro continente, Kalimdor.

Los tres estaban prácticamente en el mismo nivel de aprendizaje aunque fueran clases diferentes. Pero esto les ayudaba a poder realizar las mismas misiones juntos aunque de vez en cuando tenían que llamar a sus maestros para que les ayudasen en alguna cuestión en particular. No obstante, también encontraban camaradas que se encontraban solos por el mundo y necesitaban que se les echase una mano y los tres acudían en su ayuda así que las misiones se hacían mucho más llevaderas y prácticas.

Sanatos solía estar cada vez más ausente por este mundo, se decía que investigaba mucho la zona de Terrallende junto con Ully y Brook, además de otros hermanos de la hermandad.

Pensaban llegar a Costa Oscura, pero no estaba dentro de sus planes entrar en Darnassus, por el momento. Tenían cosas que hacer por la zona, aunque Namarié ya les había ofrecido a sus compañeros hospedaje en casa de sus padres cuando quisieran descansar, tener buena cama y buena comida de la zona.

Tenían que recorrer todo Vallefresno, Sierra Espolón, Desolace, Feralas, Los Baldíos, Las Mil Agujas, el Desierto de Sal y llegar hasta Tanaris. En cada zona tenían una serie de misiones que realizar.

Pese al invierno, se iban adentrando cada vez más en un desierto, así que era como si el verano se fuese prolongando. No sentían nada de frío.

La combinación de colores de los paisajes se iba haciendo cada vez más diferente. De los tonos verdes que marcaban mucho el territorio de los elfos de noche, como Vallefresno y Feralas, se fue haciendo cada vez más rojizo hasta cambiar al amarillento final de Tanaris.

Tanaris ya era el desierto puro, de arena casi blanca. Allí se encontraba Gadgetzan, una ciudad muy pequeña y amurallada donde «convivía» gente de la horda y la alianza. Parecía difícil creer que personas de ambas facciones estuvieran allí en aparente son de paz, pero nada más lejos de la realidad. Las peleas estaban totalmente prohibidas y si había altercados se unían en el centro de la ciudad dentro de una gran jaula de forma prácticamente circular donde podían combatir entre ellos y desde fuera los habitantes de la ciudad podían ver el encuentro sin intervenir.

Cambiando de zona, Desolace le pareció a Namarié una zona sucia. El ambiente era árido y estaba lleno de polvo y las aguas eran marrones o verdes oscuras. Era el lugar donde los ancianos kodo iban a morir. Allí se encuentraban cuatro tribus de centauros que luchan por dominar estas tierras. Antiguamente perteneció al imperio de los Altonatos hasta que fue golpeada por la Guerra de los Ancestros.

En estos tiempos Érebo era como un líder para Namarié y para Baldhür. Sabía en todo momento cómo organizarles para realizar las misiones y se encargaba de buscar gente para la organización de alguna misión que se les quedaba pequeña o para ir a visitar alguna mazmorra.

Sus compañeros no sabían nada pero Érebo se había reunido con Sanatos en varias ocasiones antes de partir a Kalimdor. A Sanatos le gustaba mucho la forma de ser de este chico, quizás porque le recordaba a él en sus años de juventud, por su manera de tomar decisiones o de llevar un grupo. Había puesto muchas esperanzas en él pensando en que algún día llegaría a ser alguien importante.

Pasaron las semanas y finalmente llegaron a conocer toda la mitad sur del continente. La zona norte debía esperar por el momento. Baldhür tuvo que partir primero, así que fue volando en grifo hasta Theramore para coger un barco que le llevaría al Puerto de Menethil, mientras que Érebo y Namarié se lo tomaron con más calma. Iban a caballo recorriendo toda la zona y decidieron que podrían ir hasta Trinquete y coger el barco que les llevaría hasta Bahía Botín, la zona más al sur de los Reinos del Este dentro de la región de la Vega de Tuercespina. Mientras tanto Baldhür, tras pasar por Ventormenta, se reencontraría con ellos en la zona norte de Tuercespina.

Durante el camino, Érebo y Namarié hablaron mucho. La conexión que empezó a haber entre ellos anteriormente, se fue haciendo cada vez más fuerte. Érebo no es que fuera demasiado hablador, pero poco a poco fue abriendo su forma de ser ante ella llegando a ser ésta la persona que mejor podía conocerle de su entorno.

Su familia trabajaba en una pequeña granja en el Bosque de Elwyyn. Sus padres querían que él siguiese los pasos de la familia cuidando de los animales y las tierras pero él siempre tuvo la idea en mente de querer luchar contra la horda y los males que azotaban el mundo. Y aunque su familia siempre tuvo miedo de que no tuviera posibilidades de salir con vida de ese mundo, él tenía la convicción de seguir ese camino y decidió escapar del hogar y alistarse en el ejército en Ventormenta. Al final, tras el período en que fue soldado y luchó contra la horda defendiendo al la ciudad de sus ataques, decidió especializarse en el arte de la magia, escogiendo finalmente la rama de sacerdote.

Se dedicaba a curar a sus compañeros y a lanzar algún que otro hechizo como explosión mental, pero sobre todo, el miedo. Érebo tenía especial predilección por el miedo incluso para echarse unas risas entre ellos. Mientras sus compañeros lanzaban sus mejores hechizos para acabar con los enemigos, Érebo lanzaba miedo para que corriesen por toda la zona mientras Baldhür y Namarié corrían detrás de ellos para terminar de matarles.

Al fin terminaron de recorrer Marjal Relvolcafango. La marcha en esta zona había sido muy tediosa, hacía un calor agobiante y el lugar era muy pantanoso. Tenían que seguir bien el camino ya que era muy fácil perderse por la zona y la orientación era bastante difícil si lo perdías. Al sur del pantano se encontraban los dominios de Onyxia, la líder de los Dragones Negros. Ella se estaba en una guarida. Pero a pesar de estar aparentemente escondida, no se le escapa ni un detalle de lo que pasa por la zona y si en algún momento alguien entraba en sus dominios, cualquiera de los dragonantes que forman su ejército tenía libertad para atacar y Onyxia era informada en el momento.

Finalmente llegaron a la Isla de Theramore. Aquí el ambiente era mucho más conocido: una gran muralla que se levantaba alrededor de la Isla, ejército humano defendiendo la ciudad, edificios de piedra muy parecidos a los de Ventormenta y muy característicos de la construcción de los humanos. Se trataba una ciudad con un gran movimiento de buques comerciales que conectaban con los Reinos del Este. Además, también se defendía con cañones de largo alcance situados en las almenas de la fortaleza.

La noche se acercaba así que decidieron dormir allí y poder descansar para tomar camino de nuevo al amanecer hacia Trinquete y coger el barco tal como tenían pensado.

El nivel de aprendizaje se había casi completado así como las misiones, por tanto una vez terminadas las misiones que les quedaban solo les quedaban ya cruzar el Portal Oscuro que les llevaría hasta Terrallende y poder explorar esa zona.

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