Capítulo XVII: El Portal Oscuro y Terrallende.

Al final del invierno llegó el momento de terminar la labor dentro de Azeroth. Los maestros de clase se fueron despidiendo de sus alumnos y dando referencias de los que serían en unos días sus nuevos maestros.

En Ventormenta celebraron una pequeña fiesta de despedida, con familia y amigos que dejaban atrás hasta no sabían exactamente cuando.

Los tres amigos tomaron camino hacia las Tierras Devastadas, el Castillo de Nethergarde iba a ser su última parada en las tierras de Azeroth.

Las Tierras Devastadas, reciben su nombre por haber sufrido la energía mágica del Portal Oscuro. Y el Castillo de Nethergarde se trataba de una gran fortaleza pero con pocos habitantes, que se encargaban de vigilar el Portal.

Tras el breve descanso en este Castillo y habiendo tomado unos pocos alimentos, tomaron rumbo a su nuevo destino. Un gran nerviosismo les invadía a los tres. Sabían que se iban a adentrar en un mundo totalmente desconocido, con nuevos territorios y lugares totalmente diferentes a los que habían visto hasta entonces. Iban a conocer Terrallende.

En cuanto a Terrallende, ésta surgió del cataclismo que sufrió Draenor tras la guerra provocada por la Legión Ardiente y la apertura del Portal Oscuro para que la recién creada Horda conquistara Azeroth. Ésto motivó la entrada en Draenor a una avanzadilla de miembros de la Alianza que trataba de repeler la amenaza orca. Cuando se aproximaba la batalla, Ner´zhul trató de llevarse al resto de su raza de Draenor abriendo otros portales dimensionales, pero la presencia de tantos portales provocó que el planeta explotara dejando fragmentos del mundo flotando en el Vacío Abisal. A ésto se le conoce hoy en día como Terrallende. Con la explosión, la mayor parte de la vida desapareció pero dejó a unos pocos orcos, ogros y drainei que consiguieron sobrevivir. Además, un Señor del Foso llamado Magtheridon agrupó a una serie de orcos para tomar el control de Terrallende y usando portales dimensionales atrajo hasta él demonios de más allá del Vacío Abisal para ayudarle.

Illidian, tras su derrota en Rasganorte a manos del Arthas, escapó a Terrallende llevándose consigo un ejército de Nagas y elfos de sangre que lograron derrotar a Magtheridon. Sometieron a la mayoría de los drainei que se quedaron allí y se convirtieron en sus sirvientes, experimentando horribles mutilaciones y siendo conocidos como los Drainei Corruptos.

Allí se encontraban Érebo, Baldhür y Namarié, delante del Portal Oscuro. Y uno a uno, poco a poco, fueron cruzando el portal. Antiguamente, durante un tiempo, este portal tuvo color azul, hasta que los acontecimientos recién contados sucedieron y el color había cambiado. Ahora el portal era de color verde y se vislumbraba en su parte central lo que parecía ser un cielo lleno de estrellas. Cuando Namarié pasó por el portal, no dejó de observar todo lo que le rodeaba. El tono verde se iba haciendo cada vez más intenso y cuando miraba hacia arriba podía ver ese cielo cubierto de estrellas con una gran intensidad. De repente, una voz se le metió en su cabeza e hizo que se le encogiera el corazón sintiendo un miedo horrible como jamás lo había sentido, unas palabras que nunca olvidaría:

«En cautividad durante diez mil años… Desterrado de mi propia tierra… y ahora, osais adentraros en ¡¡MI REINO!! ¡No estáis preparados!»

Y tal cual vino, la voz desapareció y la intensidad de los colores fue disminuyendo. Vio que el cielo tenía diversas tonalidades, en unas zonas se veía negro, en otras de un tono rosado y en otras anaranjado. Una franja amarilla lo cruzaba de un lado a otro y pudo ver unas lunas. La tierra era de un naranja intenso y las siluetas que podía ver a lo lejos eran un conjunto de elementales de tierra, demonios y soldados de la Horda y la Alianza. Bajó la escalinata y lo que se veía más adelante era el Comandante del Foso, un gran demonio que lo que hacía era invocar los demonios menores llamados Soldados Vil y elementales llamados Rompedores del Asedio Infernal, mientras que los soldados de la Horda y la Alianza estaban unidos para luchar contra todos éstos.

– ¡Namarié! -escuchó de pronto.

Miró a la izquierda y allí se encontraba Érebo, junto a Sanatos. El miedo que sintió al pasar por el Portal se transformó en alegría y tranquilidad al ver sobre todo a Sanatos.

– Bienvenida a Península de Fuego Infernal.

Y al final se acercó al grupo mientras que Baldhür apareció tras haber atravesado el Portal también.

– ¿Qué es esa voz que escuché? -preguntó de repente Baldhür.

– ¿Tú también lo escuchaste? -dijo Namarié volviendo a recordar las palabras y la voz tenebrosa.

– Es Illidian -contestó Sanatos.- Illidian Tempestira.

Mucho había oído hablar ya de Illidian. Conocido como «El Traidor», se autoproclamó señor de Terrallende, tierra que gobierna desde el Templo Oscuro. Es el hermano de Malfurion y estaba enamorado de Tyrande. El hecho de querer saber todo sobre la magia arcana y el poder, lo condujo a realizar actos realmente terroríficos en contra de los habitantes de Azeroth, incluída su propia gente.

Pero este no era el momento de hablar sobre él. Acababa de cruzar el portal y un nuevo mundo le esperaba. Ahora se encontraba realmente lejos de su tierra, de su familia. Y éste era un lugar mucho más duro, más extraño.

Península de Fuego Infernal se mantiene casi intacta tras el destrozo de Ner´zhul de Draenor con los Portales Dimensionales. Aunque también hay pequeñas islas flotando en el aire. Fue también el lugar de una de las batallas más sanguinarias desde el final de la Segunda Guerra, donde Khadgar y la Expedición de la Alianza luchó contra Ner´zhul, Jefe de Guerra de la Horda de Draenor, en su intento por abrir portales a otros mundos que poder conquistar.

Los libros de historia dicen:

[…] Hubo un tiempo en que fue un lugar de tierra verde, pero ahora Península del Fuego Infernal es un desierto seco y árido sin vida por las prácticas oscuras de los brujos orcos. Es aquí donde se encuentra el Portal Oscuro, consolidando el lugar de la península en la historia como el lugar de muchas batallas campales entre la Alianza y la Horda. Los nefastos de la Legión Ardiente se han reunido aquí también, usando el área como zona de estacionamiento para su cruzada apocalíptica[…].

Una vez que estaban todos preparados, subieron a sus caballos y tomaron camino hacia Bastión del Honor, refugio de la Alianza en este territorio. Disponía de todo lo necesario: ruta de vuelo, posada, maestros de profesión y vendedores. Fue levantado por los miembros de los Hijos de Lothar, veteranos de la Alianza que llegaron a Draenor a través del Portal Oscuro y que eligieron Península de Fuego para establecerse. Ahora sus defensas está mezclado por soldados de Ventormenta y de Forjaz.

Su fundador y primera persona al mando fue el General Turalyon, un paladín que sirvió a la Alianza durante la Segunda Guerra como lugarteniente de Sir Anduin Lothar, llegando a pasar de General de los Ejércitos de Lordaeron a Comandante Supremo de las Fuerzas de la Alianza.

El Bastión fue asediado durante tiempo tras su levantamiento hasta que un retén de fuerzas de la Alianza contraatacaron fuertemente en las defensas de La Ciudadela Del Fuego Infernal. Tras la destrucción del Portal Oscuro, los caballeros que sobrevivieron comernzaron una nueva vida en lo que quedó de Draenor.

Los nuevos visitantes dedicaron el resto del día a explorar la zona junto con Sanatos. Namarié estaba muy contenta de haberse encontrado al fin con él. Le veía bastante demacrado y se le notaba en la mirada el cansancio provocado por las batallas. Por la noche, en la posada, se unieron Sarkath, Tularis y Ully a la cena, así que tuvieron la oportunidad tratar todo tipo de temas. Sanatos era el locutor principal de la noche y todos le escuchaban atentamente.

– Este es un mundo distinto al que conocéis, no tiene nada que ver con lo que habéis visto hasta hora. Cada una de las tierras que os esperan a a partir de ahora son totalmente diferentes entre sí y estos lugares están plagados de auténticas bestias. Tenéis que estar con mil ojos y estar siempre acompañados en la medida de lo posible. Aquí, en Península de Fuego, os vais a encontrar con varios retos, como entrar en las diversas mazmorras que están en La Ciudadela. Controlar las Tres Torres: Cerro Tábido, La Dominancia y El Estadium, para que sean parte de la Alianza mientras os defendéis de la Horda. Además, la zona cuenta con lugares repletos de demonios y bestias que no habíais visto antes. Y en lo más alto, al norte, se encuentra el Trono de Kil´Jaeden, actualmente custodiado por Lord Kazzak, El Supremo.

La cara de asombro de todos los que escuchaban era patente. Y entonces Namarié habló lo que sabía hasta entonces sobre éstos demonios:

– Kil´jaeden es un poderoso Señor de Demonio Eredar y líder de la Legión Ardiente. Fue escogido por el mismo Sargeras como teniente jefe. Está por encima de Archimonde. Desde el aparente destierro de Sargeras, Kil´jaeden asumió el rol de supremo comandante. Además, fue el creador del Rey Lich. Kazzak, fue el responsable de la reapertura del Portal Oscuro, es la mano derecha de Kil´jaeden y posee la espada de Archimonde.

El silencio se hizo entre ellos y duró varios minutos. Podían intuir que se enfrentaban a nuevas aventuras, pero no se daban cuenta que los peligros eran realmente serios.

– Además -continuó Sanatos- tenéis que ir mirando siempre a vuestras espaldas, ya que hay un Atracador Vil que siempre está dando vueltas por la zona y si os descuidáis, de una sola pisada, puede acabar con todos vosotros. No obstante, la tierra siempre vibra cuando se aproxima y lo mejor que podéis hacer es salir corriendo lo más rápido que podáis.

Poco más hablaron entre ellos, pocas risas se escucharon a partir de estos momentos. Pero finalmente el silencio se volvió a romper por la voz de Érebo que preguntó:

– Maestro Sanatos, ¿y la hermandad que tal está? Hace mucho que no nos reunimos todos para hablar y relacionarnos entre nosotros y la verdad es que se echan de menos.

Tras un aire pensativo, Sanatos contestó:

– La hermandad parece que está pasando al fin por un buen momento. Actualmente, somos muchos y cada día vamos sumando miembros. La verdad es que se nos hace difícil estar todos juntos a la misma hora y en el mismo lugar. No obstante, cuando lleguéis en unos días a Shattrath vais a coincidir más a menudo con nuestra gente. Aún así, hay un «pero». Y es que hay gente que estamos luchando para llegar a entrar en los grandes lugares, como el Castillo de Karazhan. Pero hay gente que se está empezando a impacientar. Esperemos que sigan aguantando lo máximo posible y podamos entrar todos para luchar juntos. Pero bueno, eso es lo que menos me preocupa en estos momentos. Pero necesito haceros una pregunta, sobre todo a vosotros tres: Érebo, Namarié y Bladhür.

Los tres en seguida se quedaron con la boca abierta. ¿Qué les iban a preguntar? Y en seguida Sanatos, con cara muy seria, dijo:

– ¿En qué demonios estábais pensando para adentraros en las Minas de La Muerte vosotros tres solos?

Los tres enmudecieron y enrojecieron sin saber qué contestar. ¿Quién le había contado esta historia? Si ninguno de los tres había hablado con Sanatos ni con nadie sobre el tema, ¿cómo se había enterado? Namarié sólo pudo decir, muerta de miedo:

– Pero… ¿cómo…?

Sanatos no pudo dejar escapar una sonrisa al ver la cara de los tres.

– El cómo lo sé es un secreto que nunca os contaré, pero solo os diré que la próxima vez que vayáis a cometer una tontería lo penséis bien. Y si realmente queréis explorar algo desconocido y prohibido para vosotros, os sugiero que me preguntéis a mi o a cualquiera de los maestros o hermanos que realmente tengan capacidad para entrar y que os podamos echar una mano y podáis salir bien parados. En aquella ocasión tuvisteis mucha suerte, pero la suerte es algo que surge del azar, que tal cual estuvo de vuestro lado en ese momento, puede darse la vuelta y no veros, con lo que las consecuencias pueden ser horribles. Pensadlo bien la próxima vez.

Tras la reprimenda de Sanatos los tres se sintieron entre preocupados por haber sido descubiertos y a la vez aliviados porque tampoco había sido tan duro con ellos. Pero acordaron, tras esa noche, empezar a no cometer nuevas tonterías. Tras las palabras de Sanatos les había quedado claro que el nuevo lugar que iban a explorar iba a ser bastante más peligroso de lo que habían visto hasta ahora y el máximo cuidado estaba a la orden del día.

Entre ellos pensaron que a partir de ahora los juegos ya eran cosa de niños. Y ellos habían dejado de serlo tras cruzar el Portal Oscuro.

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