Capítulo XIX: Ciudad de Shattrath (Segunda Parte)

… Continuación

Poco pudo dormir Namarié aquélla noche. Tenía demasiada rabia interior acumulada. No se sentía comprendida y tenía la sensación que nadie quería escucharla.

Cuando las primeras luces del alba se dejaron ver, salió a ver el amanecer. Sanatos ya estaba levantado, acompañado de su incondicional Ully y sus primos, Morpheo y Brook. Cuando éste la vio salir, se quedó mirándola fijamente, pero con semblante serio demostrando que aún seguía enfadado. Érebo todavía estaba dormido. No quiso saber nada de él desde la tarde anterior y ella ni siquiera salió a cenar con el resto de miembros de la hermandad, pese a que éste la esperaba. Así que avanzó hasta un lugar apartado, no demasiado alejado y donde pudiese ser vista, antes que nadie viniese a recriminarle si podía ir más allá o no. Sacó unos panes para desayunar tranquilamente y comenzó a comer. Pero pronto su tranquilidad se vio perturbada por una voz.

– Buenos días, hermosa Namarié.

Al girar su cabeza, con algo de enfado por ser interrumpida, vio a Morpheo. En ese instante tuvo que quitar su mala cara e intentar poner la mejor que pudo.

– Buenos días Morpheo. ¿Qué tal estás? Hace mucho que no coincido contigo.

– Bien. Estaba preguntándome si querías algo de fruta para desayunar. Es muy nutritivo y apetecible -dijo mientras le ofrecía una manzana.

– Vale. Muchas gracias Morpheo.

Namarié no pudo evitar sonreír. Poco a poco se le iba quitando el enfado. Pero sabía que Morpheo no venía a verle sólo por ofrecerle una deliciosa pieza de fruta. Y tras un pequeño silencio, Morpheo habló:

– Espero que no te moleste que te pregunte sobre lo que pasó ayer. Dicen que al llegar a la Ciudad cambiaste de repente y empezaste a hacer cosas… algo raras.

Parecía que se le estaba ofreciendo una oportunidad de explicarse, de comunicar lo que sentía. Pero no era precisamente a él a quien quería darle explicaciones. Además consideraba que la versión de empezar a hacer cosas raras de repente le estaba sacando un poco de quicio.

– ¿Quién te manda? -preguntó-. Quiero decir, ¿vienes porque quieres saberlo o es que alguien te ha dicho que vengas a preguntarme?

Morpheo no se esperaba esta reacción, pensó que sería más fácil hablar con ella sobre el asunto. Pero a pesar de ello, decidió seguir:

– No me ha mandado nadie. Anoche Sanatos, cuando se quedó solo, me comentó lo que había pasado.  Y esta mañana he visto su cara cuando has salido de la tienda de campaña. Creo que algo te pasa y no sólo es lo que él piensa. Poco hemos hablado entre tu y yo, pero creo que por lo que he oído, eres una persona bastante racional, reflexiva y poco impulsiva.

Ante ésta explicación, Namarié pensó en que podía dar una oportunidad a este momento y desahogarse. Así que empezó su versión:

– Siempre he sido una persona que le ha gustado vivir cómodamente. Quizás me guste que me den muchas cosas hechas, pero otras prefiero saber que pude hacerlo por mí misma. Actualmente, siempre voy de la mano de alguien: Sanantos, Érebo, Ully, Baldhür… es como si nadie confiase en mí, por lo que está haciendo perder mi confianza en mí misma y he llegado a pensar que realmente no sé hacer nada sin ayuda. Por otra parte, echo mucho de menos mis cosas. Echo de menos mis pocos amigos, mis padres adoptivos, Darnassus y sus alrededores, así como mi verdadera familia y Ventormenta. Echo muchísimo de menos poder hacer lo que más me gusta, que es pasarme un día entero con un libro que leer en cuanto se me presentaba la ocasión. Creo que no haría daño a nadie si en lugar de pasarme unos días sin hacer nada aquí, pudiera pasar ese portal e ir a ver a mis padres, mi primer hogar. Por supuesto que volvería, pero en lugar de perder tiempo aquí sin hacer nada, podría estar aprovechando el tiempo junto a ellos. Además, reconozco que hice mal en mentir y decir que me iba a descansar cuando en realidad me fui a ver la ciudad. Tenía ganas de descansar, pero al verme sola un rato me dije a mí misma que no pasaba nada si daba un paseo sola, tranquilamente, con mis pensamientos. Aquí me siento segura. Veo orcos, trolls, taurens y no-muertos por todas partes, pero no me pueden hacer nada, puedo pasear tranquilamente sin sentir que me pueden atacar.

– Gracias por tu sinceridad. Siento que tienes razón para sentirte como te sientes. Han pasado muchos meses de mucho aprendizaje, de muchas idas y venidas de un lugar a otro, y ni siquiera tuviste tiempo para echar de menos nada. Pero de repente viste una vía para volver a sentir la tranquilidad que sentías hace unos meses, con tu familia, así que pensaste que podría ser un buen momento para volver a hacerlo con el sentimiento de volver aquí de nuevo. Me inquieta una cosa: ¿tú como te ves dentro de tu clase? ¿Siendo una bruja?

Ésta fue la pregunta más temida por Namarié. Hace tiempo, tuvo miedo de sentir algún poder propio y se autoconvenció de que no tenía ningún arte para la guerra. Pero en el fondo sabía que se estaba engañando y que algo había dentro de ella.

– A pesar de todo, de todo lo que sé, siento que no puedo dar más de mí misma que lo que estoy dando. Quiero decir, que me queda poco por aprender, pero en el fondo no sé si seré buena para esto.

– Entonces te estás contradiciendo a tí misma. Por un lado me estás diciendo que estás cansada de que todo el mundo te acompañe a todas partes y quieres demostrar que puedes hacer las cosas sola, y por otro me dices que no sabes si puedes llegar a ser buena. Aunque en el fondo, si no pruebas por ti misma si puedes o no, nunca sabrás si eres buena o no.

-¡Exacto! -contestó Namarié sintiendo que por primera vez alguien sabía de lo que estaba hablando.

– Entiendo que querías volver a saborear lo bueno de tu pasado, pero no puedes dejar de mirar al frente. Cuando se te ofreció la posibilidad de entrar en la hermandad, tenías dos posibilidades: ser una ciudadana de Ventormenta o salir a combatir todos los días. Elegiste combatir. Debes ser consecuente con ésta decisión. Luego, a parte, me dices que si vas a Darnassus y cruzas el portal volverás aquí de nuevo. Yo te pregunto: ¿de verdad estás segura de ello?

Por un momento Namarié dudó. Quiso decir «sí» al instante pero no salió de ella.

– Bueno, no hace falta que me contestes, porque sé en qué estás pensando. Mira -dijo sacando una piedra redonda con un símbolo azul en el centro-. Esto es una piedra mágica de hogar. Tiene un hechizo que hace que cuando lo desees, puedes volver de nuevo aquí. Si yo te doy esta piedra, me gustaría saber que la vas a usar con responsabilidad. ¿Qué quiere decir ésto? Pues que cuando quieras puedes ir a Darnassus a ver tu hogar, pero tienes que volver, y para ello lo tienes que demostrar.

– ¿Y cómo te puedo demostrar éso?

– Muy sencillo: siendo responsable y sabiendo cómo lo tienes que hacer -dijo mientras miraba a Sanatos y a un recién levantado Érebo, que les miraba atentamente a los dos.- Piensa bien en lo que hemos hablado y piensa en cómo se lo puedes enfocar a Sanatos. No le va a valer que hables de que quieres ir a casa un rato, hazle saber qué es lo que hay dentro de ti reflexionando bien tanto mis palabras como las tuyas.

Entonces comprendió que si deseaba ir debía pedírselo a Sanatos como Maestro y seguir sus indicaciones, le gustase o no. Y con esa piedra en la mano, tenía que demostrar que no iba a tomar decisiones a la ligera, sino que serían bien meditadas. Pero lo más importante que estaba aprendiendo, es que debía saber por sí misma si quería seguir adelante con todo esto, saber si es capaz de servir para ir a la guerra, a matar a los enemigos.

Guardó la piedra en su bolsa y ambos se levantaron y se unieron al grupo de la hermandad, que estaba ya poniéndose en marcha. Volvió a ver caras conocidas de aquella primera reunión en Ventormenta, así como caras nuevas, como Smash, un brujo humano que estaba en niveles de aprendizaje muy parecidos a los de ella, así como Dragonlanze, un pequeño gnomo brujo también. Era el primer gnomo que veía y sentía bastante curiosidad por él. Dragonlanze y y Sanatos eran muy buenos amigos. Se habían conocido tiempo atrás siendo compañeros de juventud de salidas nocturnas y otras fiestas. Dragonlanze acabó marchándose a realizar otras misiones hasta que hace poco coincidieron y éste decidió acompañar a Sanatos en la hermandad.

También estaban allí la pareja de magos Drainei, Mágora y Gunthall, grandes conocedores de su clase y muy profesionales, además de elfos como la cazadora Zyanya o el misterioso humano pícaro Brayham.

Después que todo el mundo se hubo acomodado tras el desayuno, finalmente Sanatos habló:

– Hola familia. Bueno, volvemos a reunirnos todos tras un largo período. Y aprovechando que estamos todos, vamos a empezar con las nuevas estrategias. Los que tienen su nivel alto de clase, deberán empezar a diseñar las estrategias conmigo para ir pensando en los nuevos retos. Los que están en su etapa final de aprendizaje, deberán saber que ya poco pueden ir solos. Ésto quiere decir que los grupos tienen que ser de más de 3 personas. Vosotros mismos debéis decidir con quien ir. Además, anuncio oficialmente la despedida de Seguito porque había decidido abandonar la lucha por formar una familia tranquilamente y que tanto su mujer y los futuros hijos pudieran dormir tranquilamente, sin saber que su padre podía o no aparecer tras un largo período de tiempo en la batalla. En cuanto a los niveles menores que no se ecuentran con nosotros, yo mismo hablaré con ellos en Ventormenta para ver y valorar en qué posición se encuentran para seguir adelante y darles ánimos.

Y así siguió hablando Sanatos mientras que se hacían señas entre Érebo, Sarkath, Tularis, Baldhür y ella para decir que querían seguir juntos en ésta etapa final de alguno de ellos.

Tras la finalización de la reunión, Namarié pidió a Érebo que la acompañase y juntos buscaron a Sanatos. Tras un buen rato esperándole, ya que los miembros de la hermandad acudieron a solicitar que resolviese algunas dudas de la reunión, se apartaron los tres para hablar.

– Siento haber cometido la estupidez de engañaros ayer -comenzó a decir-. La verdad es que necesitaba un rato estar sola porque siento que todo esto me empieza a desbordar. Tengo miedo de no estar a la altura y quizás mi subconsciente me pidió que abandonase antes de seguir engañándome. El caso es que ayer tenía ganas de descansar y era mi primera intención era venir al campamento para ello. Pero sentía que necesitaba ordenar mis ideas y quizás no pensé en qué es lo que os puede afectar a los dos. No obstante mi curiosidad siempre me hace ir más allá y decidí ir a conocer un poco más la ciudad y perderme un poco entre ella y mis pensamientos. Pido disculpas por haberos disgustado ayer.

– Namarié -contestó Sanatos-. Hace años prometí a Harold, tu padre, que cuidaría de ti. Y cualquier cosa que te pasase, jamás podría perdonármelo. Solo necesito saber que estás bien. Y sé que la gente con la que te rodeas estarás protegida. Confío muchísimo en Érebo, sé que con él estarás segura. Además, que sería de él y de Baldhür sin tí, que eres la voz razonable entre vosotros -dijo sonriendo y con una mirada de complicidad.- Nosotros ayer fuimos al campamento y al no verte por allí nos empezamos a preocupar. Dimos vueltas por un lado y por otro para encontrarte y la verdad es que la ciudad en estos días está repleta de gente y fue difícil. Gracias a que tengo un glifo pude sobrevolar la ciudad más rápidamente y econtrarte, pero el susto que nos dimos fue alarmante. El caso es que estás bien y tus disculpas son aceptadas. Yo también pido disculpas, quizás mi reacción fue demasiado fuerte porque también me dejé llevar por mis emociones y preocupación.

– Lo mismo digo, Nama -contestó Érebo.

Tras estas palabras, Namarié continuó.

– Morpheo me ha dado ésto.

Y enseñó a sus compañeros la Piedra del Hogar.

– Me ha dicho que es una piedra mágica que me permitirá volver al sitio que yo escoja cuando quiera sin tener que hacer un largo período de viaje. He decidido que dicho hogar se encuentre aquí, en Sattrath, ya que es el lugar donde se encuentran todos los portales a las grandes capitales del mundo, entre ellas Ventormenta y Darnassus. Pero solamente iré allí con vuestro permiso o al menos haciéndolo saber. Y prometo que volveré aquí para continuar con la batalla y que ese viaje no perturbará mi trabajo, es decir, que iría en caso de que tengamos algún tipo de descanso y no tenga nada más que hacer.

Y tras estas palabras Sanatos dio su bendición para que pudiera ir a ver a sus padres cuando se de el momento oportuno.

Poco tiempo quedaba ya para terminar su aprendizaje. El nivel ahora requerido era mucho mayor, pero aprendería de los grandes maestros. Cogieron un glifo y empezaron sus nuevas aventuras por Terrallende. Pronto llegaría a luchar contra los grandes males que hacían que no hubiese más que Sombras en Azeroth.

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