Capítulo XXI: Un caballo de Fuego

Al día siguiente Namarié estaba triste por la pérdida de su montura. Se sentía cansada por el esfuerzo físico del día anterior. Prácticamente todo el mundo sabía lo que había pasado. Sanatos y Ully estaban muy preocupados por lo ocurrido y en seguida fueron a preguntar a Namarié por su estado de salud y si podían hacer algo por ella, a lo que respondió:

– Solo necesito un caballo nuevo. Aquí los maestros de vuelo están muy lejos unos de otros por lo que caminar todo el tiempo retrasaría mucho mi progreso.

El joven Smash y el pequeño gnomo Dragonlanze escucharon sin querer estas palabras. Así que cuando Namarié terminó de hablar con Sanatos y Ully, se acercaron a ella a proponerle una nueva misión.

– Perdona, Namarié -dijo Dragonlanze-. No hemos podido evitar escuchar la pérdida de tu montura y venimos los dos a proponerte una cosa que espero que te sirva de ayuda.

– Os escucho -contestó Namarié perpleja ante tal ofrecimiento.

– Bien -continuó Dragonlanze-, Smash y yo tenemos pensado ir a la caza de un caballo especial, muy rápido y magestuoso, que solamente los brujos podemos invocar. Es el mejor caballo que puede llegar a tener una clase como la nuestra y es muy codiciado. Y nos gustaría saber si te quieres unir a nuestra aventura, si es posible.

– ¿Pero en qué consiste? ¿Qué es lo que hay que hacer exactamente? ¿Dónde es?

– Tenemos respuesta para todo, una serie de misiones que tenemos que empezar a completar en Azeroth y una mazmorra en la que nos tenemos que adentrar para la que necesitaremos a dos compañeros más, concretamente en La Masacre. Pero también es importante saber que si vamos tres brujos tenemos mayor probabilidad de éxito y, además, saldrán tres caballos, uno para cada uno de nosotros -dijo Smash.

La propuesta parecía apetecible, necesitaba una montura urgentemente y si encima era un caballo especial, pensado para los de su clase, podía ser divertido e interesante ir a por ello.

– ¿Qué es lo que tengo que hacer? -preguntó Namarié.

Los otros dos compañeros sonrieron ante la pregunta y empezaron a sacar objetos y papeles que hablaban de la misión. Tenía que recoger 25 menas de hierro negro, 35 dragontinas negras, 6 fragmentos luminosos grandes, 10 elixires de poder de las sombras, 30 champiñones fantasma, 3 barras de arcanita o 3 barras de torio y 3 cristales arcanos que ella misma podría transmutar gracias a sus conocimientos dentro del mundo de la alquimia, además de conseguir bastante oro. Le pasaron algunos materiales que tenían de excedente y con ésto Namarié se puso manos a la obra. Tanto Érebo como Sanatos le dieron las bendiciones para que empezara con la búsqueda del material y ofrecieron su ayuda por si en algún momento necesitaba algo.

Los tres brujos partieron y cruzaron el portal hacia Ventormenta. Tras meses duro trabajo volvía de nuevo a la gran ciudad pero el tiempo apremiaba y no tenía demasiado tiempo en ir a casa. Así que fueron a comprar los materiales y pusieron carteles de anuncio en el Comercio.

Con los materiales finalmente conseguidos, comenzaron una aventura que, aunque a simple vista parecía un paseo por todo Azeroth, no dejó de tener momentos memorables para los tres brujos. Hicieron casi de todo: visitaron Profundidades Roca Negra, visitaron los entrenadores de demonios que les dieron nuevas lecciones de invocación para poder usar llegado el momento, visitaron las Estepas Ardientes donde trataron con un goblin y un humano llamado Mor´zul Sangredoble que no hicieron otra cosa que mandarles de un sitio a otro tan lejanos como Cuna de Invierno y volver de nuevo al inicio con tal de conseguir materiales extraordinarios y raramente vistos anteriormente e información que les llegaría a ser útil en el momento preciso. Uno de estos extraños materiales fue unas oscuras pociones para poder visitar a Lord Pesadilla, un Jaedenar que se encontraba en una cueva de Frondavil. Con estas pociones, se camuflaban en la cueva sin que fueran atacados por ninguno de los habitantes de dicho lugar. Lord Pesadilla les encomendó también misiones bastante más complicadas que las de Mor´zul Sangredoble, como matar a un traidor llamado Ulathaek y demostrar dicha muerte entregando su corazón, para seguir consiguiendo más material exclusivo como el Polvo Estelar Xorothiano y más información valiosa.

Más misiones y peticiones les fueron solicitadas hasta que finalmente llegaron a lo que sería el destino final: La Masacre.

Esta mazmorra se caracterizaba por ser un lugar donde todos sus habitantes tenían que morir ya que se decía que había habido más intentos de incursión codiciosa pero no exitosa debido a que ir a por el destino final solamente conseguiría que todos los seres del lugar se levantasen contra el intruso y acabaran con su vida en cuestión de segundos, o lo que podía ser mayor castigo, ser un no-muerto más de los que habitaban la mazmorra y vivir allí bajo continuo sufrimiento.

Para poder realizar el trabajo los tres brujos no pudieron hacerlo solos, por lo que contaron con Tularis y Érebo. Y lo que parecía al principio algo sencillo se fue complicando según se iba llegando al final.

Al final del todo, un diablillo que habitaba el lugar comenzó el ritual. Sacó tres objetos que depositó dentro del círculo de la sala: una campana, una rueda y una vela. Una vez los tres objetos estaban puestos, empezaron a aparecer oleadas de demonios y diablillos dispuestos a acabar con los cinco intrusos, que tuvieron que contener los brujos bajo las artes de las sombras y el destierro de demonios, Tularis bajo el poder Sagrado y Érebo sanando a todos sus compañeros. La vida de los atacantes era corta pero cada vez que se acercaba a cualquier miembro del grupo cortaban los lanzamientos de hechizos de los brujos y del sanador. Además, impedían la reactivación de los objetos depositados en el centro de la sala, importante que siempre estuviesen activados puesto que les servía de ayuda: la campana sanaba y les facilitaba maná, la rueda reducía el daño recibido y la vela hacía que los atacantes que entraban en el círculo recibían daño. Por lo que todos los miembros del grupo se mantuvieron dentro del círculo de la sala.

De repente, los demonios y diablillos desaparecieron. El circulo central se iluminó y los brujos comenzaron a invocar al caballo de fuego. Usando el pergamino de «Glifos Xorothianos» se abrió la puerta y apareció un caballo con su jinete. El caballo estaba envuelto en llamas y era impresionante ante sus ojos. Pero no menos impresionante que su jinete, un demonio con alas espectaculares. Tenían que matar a ambos.

Primero se encargaron del caballo, que no hacía más que atacar a los miembros del grupo con coces que les tumbaban pero finalmente acabaron con él, aunque poco antes de hacerlo el jinete también comenzó el ataque hacia ellos. Enfocaron todos sus esfuerzos y magia hacia el jinete, mientras que el fantasma del caballo merodeaba por la sala alrededor de su cuerpo muerto. Y cuando acabaron con el jinete, se acercaron al caballo muerto y realizaron un ritual de invocación que hizo que el fantasma del caballo se convirtiese en tres caballos exactamente iguales al fallecido, tres hermosos y magestuosos caballos de fuego especiales para los brujos, realmente épicos.

La satisfacción de los tres era evidente en sus rostros. Al fin tuvieron en su poder al caballo más poderoso que cualquier brujo podía desear dentro y fuera de Azeroth.

Salieron de la mazmorra junto con sus caballos. Les volvía a dar la luz del sol y se encontraban con un enorme cansancio encima. Pero no por ello dejaron de pensar en montar esta magnífica montura. Así que sin haberse limpiado sus sucios rostros de sangre y mugre del lugar recién abandonado, los tres montaron y junto con Érebo cabalgaron durante el resto del día hasta que anocheció, llegando casi hasta la parte más superior de Kalimdor y pasando por lugares que hacía tiempo que no visitaba hasta llegar a Cuna de Invierno, donde decidieron finalmente parar. Estaban tan alegres por el logro que casi habían olvidado toda la rutina. Había sido aparentemente fácil y sintieron que había cierta conexión entre todos por lo bien que habían trabajado dentro de la mazmorra.

Érebo se sentía muy orgulloso de Namarié, mientras que ella se sentía muy orgullosa por el logro conseguido ya que al fin se había podido demostrar a sí misma que podía hacer todo lo que quisiera siempre y cuando se lo plantease con seriedad. Se sentía preparada para llegar al máximo nivel y poder seguir adelante. La recta final estaba cerca.

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