Capítulo XXIII: un final, un principio nuevo.

Al fin llegó el momento que estaban todos esperando. Habían alcanzado el máximo nivel y sabían todo lo que tenían que saber sobre su clase. Ésto, de una manera muy didáctica, porque lo duro estaba aún por llegar, la práctica diaria en diferentes mazmorras contra jefes de mazmorra cada vez más duros. Solo de ésta manera podían estar preparados para poder visitar el castillo de Karazhan, el Castillo de la Tempestad, la Guarida de Gruul, la Guarida de Magtheridon, la Caverna del Santuario Serpiente y, la más importante, El Templo Oscuro, donde reside el maléfico Illidan.

Fueron a Ventormenta donde les esperaban los maestros de clase de cada uno. Aunque primero se fueron a sus respectivos hogares a descansar y estar por un breve tiempo con la familia. Tenían que vestirse con sus trajes de aprendices de la manera más humilde posible.

Cuando se acercó la hora salieron de sus casas y se vieron en un punto intermedio. Pese a que ninguno coincidiría en su graduación puesto que los tres tenían maestros diferentes, habían decidido verse antes del momento para desearse suerte.

Érebo tuvo que ir hasta la Catedral lugar extraordinario y de gran belleza para disfrutar el momento. Solamente podía compartir el lugar con los paladines en su graduación, lo que lo hacía más honorable aún.

Baldhür y Namarié se dirigieron al Barrio de los Magos. Baldhür se quedó en la torre que reinaba una de las plazas, lugar donde se encontraban sus maestros.

Namarié se quedó entonces sola. Mientras caminaba a la taberna de El Cordero Degollado iba metida en sus pensamientos observando el lugar con detenimiento, como la primera vez que pisaba el lugar.

Al poco llegó a la taberna donde había poca gente. Bajó al sótano y allí estaban sus maestros y algunos brujos más que también habían alcanzado el máximo nivel. Se fueron felicitando entre ellos y así mismo los maestros les felicitaban por haber llegado hasta allí con vida.

Poco después todos se pusieron en círculo y comenzó el ritual. Gakin el Pesotenebra comenzó las palabras:

– Poderes de la Sombra, del Fuego y del Vacío Abisal, os invocamos en esta tarde para que desates todo el poder que tus nuevos siervos necesitan. Nos entregamos a tí en este preciso instante.

Acto seguido la hoguera que había en el centro se hizo mucho más grande y del intenso rojo del fuego pasó a un color morado lo que dejó a todos los alumnos asombrados. Hubo un fuerte olor a azufre y todos los grimorios salieron y se acercaron a la hoguera para participar en el ritual.

– Nosotros, brujos cautivos en las catacumbas de Ventormenta, nos mostramos para enseñarte a tus nuevos siervos, a los cuales acogerás en la sombra bajo el poder de tu nombre.

En ese momento el fuego se hizo muy intenso pasando al color verde. Un gran alborto de voces de los maestros allí presentes junto con los grimorios de los brujos hacía más intenso el momento pero ninguno de los alumnos quitaba ojo al gran acontecimiento que estaban viviendo allí abajo. Del verde pasaba al morado y del morado al verde, así sucesivamente. El humo que salía tenía forma de demonios de los mismos colores que se iban sucediendo y parecía algo realmente aterrador.

A continuación hubo un gran estruendo, parecía que la sala se venía abajo y que no iban a salir vivos de ese lugar. Pero se hizo el silencio y la oscuridad. No sabía qué estaba pasando exactamente llegando a pensar que se había quedado ciega y sorda. El alboroto anterior se había desvanecido por completo. Pero una pequeña llama rojiza hizo que volviese a tener conciencia de dónde estaba. Tras esa luz se empezó a apreciar el rostro de Gakin el Pesotenebra. Poco a poco se fue haciendo la claridad en la sala tal como estaba habitualmente y Namarié se dio cuenta que sus ropajes habían cambiado. Eran muy parecidos al primero que llevó como aprendiz, pero de un rojo mucho más brillante y hermoso. El bastón también brillaba debido a un encantamiento que le daría mayor poder de hechizos. Se sentía llena de vida como si el cansancio acumulado de meses anteriores hubiese desaparecido de repente. Incluso sentía como si hubiese aprendido hechizos que no había conocido hasta el momento pero como si los hubiese sabido usar toda la vida. Algo asombroso y realmente mágico.

– Hermanos brujos -dijo Gakin-, ya sois oficialmente hermanos de la Sombra y el Fuego. A partir de ahora todos los secretos que tengan que ver con la brujería los guardareis entre vosotros. Os debéis a vuestra clase y os ayudareis como hermanos que sois. Si pensáis que lo peor ha pasado, estáis equivocados. Esto ha sido solo el principio ya que el resto está aun por llegar. La guerra está presente, no lo olvidéis. Y ahora, marchar con vuestras hermandades y no olvidéis lo aprendido. Podéis salir.

Poco a poco fueron saliendo de la sala y subiendo a la taberna. Muchos se quedaron allí dentro tranquilamente mientras otros salieron al aire libre, como el caso de Namarié. Al rato pudo ver a Baldür saliendo de la torre emocionado por su celebración. Le empezó a contar a Namarié la magia desprendida en el lugar y ella le contó el ritual de fuego y sombras. Poco después Érebo se unió  contándoles cómo había sido su ritual casi emocionado también por lo que había vivido.

Se fueron al «Ermitaño Azul» a celebrar su graduación. La solemnidad con que salieron pronto se fue convirtiendo en alegría según iban bebiendo.

Cuando salieron de la taberna se quedaron en El Parque tumbados en la hierba fresca mientras hablaban del futuro y del pasado. Tras el duro golpe para la hermandad que había pasado en las semanas anteriores sentían un gran peso encima ya que se dependía en gran medida de ellos tres, entre otros miembros de la hermandad. No obstante, tenían unos días de permiso para estar con la familia antes de empezar la lucha en las mazmorras en busca de nuevas victorias y recompensas.

Namarié tenía pensado visitar a sus padres en Darnassus. Muchas cartas e historias habían ido y venido desde su primera partida hará prácticamente un año y tenía ganas de estar con ellos. Ahora era diferente, sabía y era consciente de cuáles eran sus responsabilidades a partir de ahora, el futuro que tenía en sus manos.

Las cosas estaban cambiando tan rápido que a penas se estaba dando cuenta de todo lo que estaba pasando. Pero tras esta noche ya había asumido más de lo que pensaba y pronto se daría cuenta.

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