Capítulo XXIV: El mundo de las mazmorras heroicas.

Tras el golpe que sufrió la hermandad con la marcha de algunos miembros, los que quedaron hicieron fuerza para seguir adelante y mostrarse optimistas. Entre otras cosas, decidieron reclutar gente que se encontrase buscando hermandad y que tuviesen los mismos conceptos claros y la misma filosofía que seguía la Alianza de Simbelmynë. Así que gente nueva se unió a sus filas tales como Belannaer el Druida Oso, Cupoftea la Pequeña Guerrera, Mysq el Pequeño Gran Mago o Pulpu un Drainei Chamán. Gente que en principio parecía humilde y que buscaba el bien común de todos sus compañeros. Fueron muy bienvenidos y pronto se amoldaron a la hermandad.

Namarié se encontraba inmersa en el duro trabajo que había en las mazmorras. Ya había hecho algunas pero ahora el nivel era bastante más alto. Allí encontraban viles jefes que derrotar, guardianes, terroríficos monstruos. Pero la victoria y el botín era una buena recompensa.

Casi siempre iban los mismos, habían hecho un grupo fiel. Solían estar juntos y rotarse para entrar entre ellos Tularis, Ully, Érebo, Sarkath, Smash, Brook, Baldür y Namarié, además de los nuevos miembros, destacando Belannaer.

Cada una de las mazmorras o zona en la que hubiese una tenía su propia historia.

Ciudadela de Fuego Infernal era la sede de los orcos de Terrallende, bastión base que les sirvió durante la Primera y Segunda Guerra. Allí residen Kargath Garrafilada y sus secuaces.

En su origen fue conocida simplemente como «la Ciudadela», construida para el Jefe de Guerra de la Horda Mano Negra.

La  fortaleza estaba destinada a ser la principal base de operaciones de las fuerzas militares de la Horda, mientras que el capturado Templo de Karabor (conocido actualmente como Templo Oscuro) se utilizaba para las reuniones del Consejo de la Sombra. Fue desde este lugar donde la batalla final contra el draenei, en Shattrath, fue organizada y llevada a cabo. Tras la creación del Portal Oscuro, la Horda se organizó en la Ciudadela del Fuego Infernal y marcharon hacia el Camino a la Gloria a lo que llamaron los «Peldaños del Destino «.

El Consejo de la Sombra era un grupo de brujos mortales que servían a los demonios de la Legión Ardiente.

El destino de la Ciudadela después de la destrucción de Draenor era desconocido hasta hace poco y fue abandonada probablemente hasta que Kargath Garrafilada, Jefe de Guerra de la Horda, y los orcos esbirros de Illidan tomaron posesión de la Ciudadela como su base de operaciones. Illidan también utilizaba la ciudadela como prisión para Magtheridon , el antiguo Señor de Terrallende. Además los orcos de Illidan tomaban la sangre de Magtheridon y la utilizaban para crear más orcos viles, de la misma manera como se utilizó la sangre de Mannoroth para corromper la original Horda.

En el mundo de las tierras devastadas de Terrallende, cerca del Portal Oscuro, se encuentra la Ciudadela del Fuego Infernal, un bastión casi impenetrable que sirvió como base de operaciones a lo largo de la Primera y Segunda guerra. Durante años, esta gigantesca fortaleza se pensaba que estaba abandonada… hasta hace poco. Esta estación de operación de combate se ha convertido en gran medida en un lugar habitado por grupos errantes de rojos y furiosos orcos viles. De dónde vino esta nueva raza salvaje es un misterio, pero lo peor es que su número parece estar creciendo.

Allí se encontraban tres mazmorras: Murallas del Fuego Infernal, El Horno de Sangre y las Salas Arrasadas. Mazmorras que Namarié y sus amigos tuvieron que investigar durante bastante tiempo en estos tiempos de guerra intermitente. Solían salir victoriosos pero el peligro se iba haciendo más grande y a veces no todo eran victorias y alegrías. Un día de incursión en mazmorras como otro cualquiera, Sego, primo de Tularis y de Sarkath, falleció dentro de estas murallas. Ocurrió en las Salas Arrasadas en una lucha de máximo nivel. Nadie supo cómo había sido. Simplemente desapareció durante días y en su búsqueda unos compañeros se adentraron en el lugar, entre ellos Sarkath. Fue este el que encontró a su primo tendido en el suelo, desangrado mientras agarraba su espada y escudo fuertemente con varios cadáveres de orcos alrededor.

Por qué se adentró en este lugar solo nadie lo sabía. Las posibilidades eran muchas y las especulaciones también. Pero no se podían parar a pensar qué había ocurrido.

Todos estaban muy afectados por la pérdida de un amigo y compañero, pero tenían que seguir luchando. Los acontecimientos que estaban rodeándoles cada vez eran peores pero no debían pararse a pensar en ello. Seguir adelante con la lucha debía ser su día a día y únicamente la paz en el mundo debía ser su meta. Las Salas Arrasadas era la peor mazmorra del lugar y algún día deberían entrar allí. Pero antes deberían estar preparados tanto física como mentalmente.

En Reserva Colmillo Torcido, dentro de Marisma de Zangar, entraron en La Sotienaga, Cámara de Vapor y Recinto de los Esclavos.

Reserva Colmillo Torcido es un gran lago artificial situado justo en el centro de Marisma. Para entrar en las Mazmorras, había que sumergirse en el lago y entrar a una tubería de bombeo de vapor para el drenaje del agua. Tras bucear por la tubería se llegaba a una caverna que estaba ocupada por estas tres mazmorras y una gran estancia, la Caverna Santuario Serpiente, el lugar donde habitaba Lady Vashj. Como era de suponer, la gran mayoría de los habitantes eran los Nagas, ex Altonatos elfos de la noche, que se transformaron en serpientes humanoides del mar. Algunos siguen habitando Azeroth intentando recuperar el mundo de la superficie, pero hubo un grupo que siguió a Illidan que fueron los que reclamaron las áreas con agua. Hoy por hoy allí se encuentran.

En Cámara de Vapor pasaron muchos días. Aunque no era la mazmorra más larga, era una mazmorra donde tenían que desempeñar mucha destreza. Aunque a Ully le faltó un poco en un susto que les dio al grupo. Justo antes de llegar al jefe Mekigeniero, el enano empezó a saltar en el puente para animar a sus compañeros. Con tan mala pata que entre las risas y aplausos de sus compañeros mientras hacía un salto acrobático de enano hacia atrás, acabó cayendo al agua ante el asombro de sus compañeros con un tan solo «¡ahí va!» que salió de su boca antes de caer. Así que todos con cara de susto fueron hacia el borde del puente para ver si estaba vivo el enano. Pero el susto en seguida se desvaneció ya que vieron que estaba flotando en el agua. Namarié empezó a recordar cómo se había caído y no pudo parar de reírse. Tuvo que quedarse sola esperando al resto que fue al rescate de Ully porque de la risa no podía a penas moverse. Pronto aparecieron todos con Ully empapado de agua. Al principio estaba demasiado serio y enfadado, pero al ver a Namarié como se estaba riendo contando cómo había visto su caída no tuvo más remedio que reirse también.

En este tiempo Érebo y Namarié eran oficialmente una pareja. Aunque solo quedaba una cosa, mostrarle sus respetos a los padres de ella, todo indicaba que se iban a unir en matrimonio. Se querían e iban a todas partes juntos.

Érebo por aquel entonces era la sombra de Sanatos. Iba con él muy a menudo e iba aprendiendo cosas más rápido que los demás. Oficialmente había sido nombrado como sucesor de maestro de la hermandad a Sanatos y esa responsabilidad era dura así que Sanatos hacía lo que podía para que no sintiera que se le podía hacer difícil.

La hermandad estaba tomando un camino muy distinto al que se conocía al principio. Se puede decir de alguna manera que estaba llegando a la madurez aunque se encontraba a años luz de muchas otras hermandades que eran ya conocidas por todos. Alguna vez se comentaba algo sobre ellas pero Sanatos siempre intentaba hacer ver a sus miembros que no todo era ser unos número uno, sino que el trabajo diario y la constancia de cada uno de los miembros les hacía ser su propio numero uno y se sentía orgulloso de ellos.

Esta era su filosofía y esperaba que nada ni nadie la pudiera cambiar.

En cuanto a las mazmorras ya iba quedando poco para terminarlas y solo les quedaban dos zonas, las que había en Auchindoun y en los alrededores del Castillo de la Tempestad. Era como un último esfuerzo pero no se acababa ahí. Aún quedaba mucho por hacer.

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