Capítulo XXV: Decisiones

 

El mundo se encontraba inmerso en el caos. La Legión Ardiente no había terminado de ser eliminada pero los jefes que habían traído todo el mal poco a poco estaban siendo derrotados.

Las uniones entre las hermandades se estaba convirtiendo en algo normal. La Alianza de Simbelmynë estaba unida con Maelstrom. La unión entre ambas hermandades no era física pero ambas colaboraban mano a mano. Pero esta colaboración no era tan real, ya que Maelstrom utilizaba a algunos miembros de Alianza de Simbelmynë para sus propios fines discriminando a otros. Esto estaba totalmente en contra con la filosofía que quería marcar Érebo y quiso en su día marcar Sanatos de compañerismo y ayuda entre los miembros, causando enfrentamientos constantes y reproches entre hermanos hasta el punto en que llegó el día en que se decidió romper el acuerdo con Maelstrom por discriminación. Al final dentro de la hermandad hubo división física y unos cuantos se unieron a Maelstrom mientras que los más fieles a la filosofía de Alianza de Simbelmynë se quedaron.

Érebo, como maestro de la hermandad hacía todo lo posible por ayudar a sus compañeros con la ayuda de varios miembros y viejos amigos. Los esfuerzos se hicieron más fuertes pero eran pocos miembros y a penas avanzaban en las batallas.

La ciudad de Shattrath siembre estaba llena de gente por todas partes: soldados en formación y aprendiendo las artes de la batalla, heridos siendo curados y personas de todo tipo y clases por los bares del Bajo Arrabal bebiendo y cantando para olvidar a los caídos en guerra y sus propias heridas. Horda y Alianza convivían en la misma ciudad pero sin enfrentamientos y en caso que los hubieran eran castigados, pena de muerte incluida en algunos casos.

Cada día Érebo se reunía con los miembros más antiguos y sus amigos para ver qué camino podía tomar la hermandad. Se había dedicado a reclutar gente pero el cansancio acumulado de lo acaecido con Maelstrom no hacía más que replantearse su futuro.

Los carteles de anuncios en la ciudad eran un sinfín de propuestas de diferentes hermandades sobre reclutamiento, pero hubo una en particular que llamó la atención. Un antiguo miembro llamado Hammersky se había marchado a una hermandad llamada Luz que de hecho seguía buscando gente para seguir adelante por Terrallende, por lo que empezó a sonar el nombre entre los oficiales y círculo más íntimo de Érebo. Éste se encontraba en un punto en el que no podía solicitar la ayuda de Sanatos de manera directa debido a que se encontraba ocupado en otros asuntos y poco podía aconsejar al joven sacerdote y la idea iba rondando cada día más fuerte en su cabeza: la disgregación definitiva y el fin definitivo de Alianza de Simbelmynë estaba a punto de llegar.

El día menos esperado se iniciaron las conversaciones con el maestro de Luz, Fonko. Poco a poco se fueron dando cuenta que lo que Fonko ofrecía era exactamente la filosofía que tenían en Alianza de Simbelmynë, así que cada vez se fue abriendo la posibilidad de una fusión totalmente definitiva.

Una tarde de otoño se decidió hacer una reunión y comunicar la decisión definitiva. Nadie estaba obligado a seguir los pasos de Érebo, solamente aquellos que realmente querían podían ir a Luz. Cada uno era libre de seguir el camino que mejor se adaptara a sus intereses. Esta última opción fue la elegida por unos pocos, muy pocos. El resto, decidió seguir al que había sido, hasta entonces, su maestro.

Con lágrimas en los ojos, Namarié fue viendo como uno a uno iba abandonando la hermandad que la vio nacer y se iba uniendo a Luz, siendo ella una de los últimos miembros en hacerlo. Toda su vida había estado allí y tras la experiencia con la medio unión con Maelstrom tenía miedo que todo su mundo se hundiera. Muchas cosas habían cambiado desde que decidió seguir los pasos de Sanatos y aquellas pequeñas aventuras que había vivido con sus amigos; ahora todo parecía lejano y sentía que había madurado en tantos sentidos que echaba de menos aquellas sensaciones que había vivido. No podía reprimir una sensación de añoranza de aquellos tiempos y de todas aquellas primeras veces que había vivido: la primera vez que montó en un grifo, el viaje en barco hacia los Reinos del Este, la sensación de la hierba mojada bajo sus pies en el Parque de Ventormenta o la aventura en la que se adentró con sus amigos en las Minas de la Muerte. Toda aquella gente que pasó por Simbelmynë y que marchó por otro lado dejándoles a un lado bien por motivos personales, bien por no crear comunidad.

Finalmente llego el momento y se secó las lágrimas, dio un paso adelante y se unió a las filas de Luz dejando a un lado todos aquellos recuerdos y abrir la mente a todo lo nuevo que quedaba por venir: una nueva comunidad, unos nuevos amigos y unos nuevos retos.

Tras esto, recordó unas palabras que había oído decir a alguien: «es triste poner punto y final a capítulos de nuestras vidas, pero si no lo hacemos, no podremos escribir nuevas historias.»

El Final de una Era

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