Preparándonos para «Warcraft: El Origen» [Cuarta parte]: La Primera Guerra

 

Tras haber visto los artículos anteriores más o menos podemos ir haciéndonos una idea concreta de los sucesos. Pero vamos a detallarlo de manera más concreta con este artículo dedicado exclusivamente a la Primera Guerra y a los dos acontecimientos más importantes del momento: La apertura del Portal Oscuro y la caída de Ventormenta.

Preludio

“Todo marcha según lo planeado. Los orcos matarán a los humanos y yo los controlaré a través de caudillos brujos como Gul’dan. Conduciré a esas deformes creaciones hasta la tumba perdida donde se encuentra el cuerpo de Sargeras, protegido contra humanos y demonios pero no contra orcos, y mi forma será libre. Y entonces podré abandonar este torpe cuerpo y este espíritu debilitado, y quemar este mundo como tanto se merece.” — Magus Medivh

Hace algunos miles de años, los Draenei, una facción de los Eredar que se opusieron a la Legión Ardiente y se separaron de sus hermanos Man’ari Eredar, encontraron un tranquilo planeta en el vacío del Vacío Abisal donde asentarse. Los draenei lo llamaron «Refugio de los Exiliados», en Eredun: «Draenor«. Los orcos, que no tenían más nombre para el lugar que ‘mundo’, adoptaron eventualmente el nombre de Draenor.

Draenor era un mundo tranquilo dominado por vastas planicies y pantanos. Originalmente había muchas razas inteligentes, de las cuales las más poderosas eran los orcos. Los orcos vivian en una silenciosa sociedad chamanística, hasta que unos líderes hambrientos de poder, liderados y manipulados por Gul’dan, hicieron un pacto de sangre con Mannoroth, un general de la Legión Ardiente, transformando a los orcos en conquistadores barbáricos con sed de sangre. La magia demoníaca usada por los orcos transformó Draenor en un páramo desértico. Los orcos, a las órdenes de Kil’jaeden, masacraron a los Draenei, esclavizaron a los Ogros y extendieron un oscuro dominio sobre Draenor.  Antes que se autodestruyeran en su sed de sangre, Medivh y Gul’dan abrieron el Portal Oscuro, permitiendo a la Horda (Vieja Horda) el acceso al mundo de Azeroth para empezar una nueva guerra y abrieron el camino a la segunda invasión de la Legión a Kalimdor.

Los pocos sobrevivientes Draenei intentaron cargar su barco dimensional y lanzarse por ellos mismos de nuevo al vacío en busca de un nuevo hogar.

El Reino de Azeroth era un reino próspero. Los humanos que habitaban sus tierras las habían convertido en un paraíso. Los Caballeros de Ventormenta y los Clérigos de la Abadía de Villanorte recorrían todas partes sirviendo a la gente del rey con honor y justicia, a la vez que los bien entrenados ejércitos del rey mantenían por varias generaciones una paz de larga duración.

La apertura del Portal Oscuro

Medivh_BlackMorass_TCG
Mientras Kil’Jaeden el Embaucador, supervisaba los progresos de la reciente Horda y la inminente invasión de Azeroth, Medivh continuaba su lucha por su alma contra Sargeras. El Rey Llane, el monarca de la nación de Ventormenta, no podía sino temer por la oscuridad que corrompía el espíritu de su antiguo amigo. Llane acabó compartiendo sus temores con Anduin Lothar, el último descendiente del linaje de los Arathi, al que eligió como su lugarteniente. Pero ni los dos juntos pudieron imaginar, y aun menos evitar, que la lenta pero creciente locura de Medivh acabaría desencadenando los horrores a los que pronto los hombres se deberían enfrentar.

Como un empujón final para la Horda, Sargeras contactó con Gul’dan a través del cuerpo de Medivh. El Titán oscuro prometió a Gul’dan un gran poder al brujo orco si este accedía a liderar a la Horda hacia Azeroth. Sargeras le reveló al orco que podría convertirse en una deidad si encontraba la tumba sumergida en el mar donde la guardiana Aegwynn dejó su cuerpo mutilado mil años atrás. Atraído por la oferta, Gul’Dan aceptó y decidió que, una vez eliminados los habitantes de Azeroth, buscaría la tumba y reclamaría su recompensa. Con la seguridad de que la destructiva Horda cumpliría sus planes, Sargeras ordenó la invasión de Azeroth.

Uniendo sus poderes, Medivh y los brujos del Consejo de las Sombras abrieron un pasaje dimensional conocido como El Portal Oscuro. Este portal sería un puente entre Azeroth y Draenor, y era lo suficientemente grande como para que un poderoso ejército lo cruzara. Gul’dan envió exploradores orcos a través del portal para explorar la nueva tierra que iban a conquistar. El retorno de los exploradores ha asegurado al Consejo de las Sombras que Azeroth está listo para ser cosechado.

A través de ese portal cruzó la Horda orca. Los humanos no sabían de dónde provenían esas viles criaturas y no estaban preparados para el terror que empezaron a sembrar. Sus guerreros empuñaban hachas y lanzas con letal habilidad, mientras que otros cabalgaban en lobos oscuros tan negros como la noche sin luna. Inimaginables eran los destructivos poderes de sus magias oscuras derivadas de los fuegos del inframundo. Llenos de la sangre demoníaca de Mannoroth, estas criaturas esperaban con ansia la guerra y destruirían cualquier cosa que trataba de evitar que llegaran a su meta: conquistar Azeroth.

Abastecidos con un ingenioso arsenal de armamentos y magia poderosa, ambas fuerzas entraron en una guerra de ingenio, intelecto y fuerza bruta, en la que el vencedor reclamaría todo el dominio de Azeroth.

La caída de Ventormenta

Orcos_rastreandoEl clan Lobo Gélido, que huyó a Azeroth para huir de la ira de Gul’dan al rechazar beber la sangre de Mannoroth, levantó una base de operaciones cerca de la Ciénaga Negra, una oscura y pantanosa área al este del reino de Ventormenta. Fue por esa misma zona donde, secretamente, el Clan Filo Ardiente, la primera fuerza de exploración de Gul’dan, empezó a construir una fortaleza. Conforme los orcos empezaban a explorar las nuevas tierras, entraron en inmediato conflicto con los humanos defensores de Ventormenta. Aunque estas escaramuzas finalizaban rápidamente, fueron útiles para aprender acerca de las debilidades de ambas razas. Llane y Lothar nunca conocieron datos confiables acerca del número real de orcos y no pudieron imaginar cuán grande era la fuerza que venía contra ellos. Después de unos pocos años la mayoría de la Horda había cruzado hacia Azeroth, y Gul’dan consideró que el tiempo del primer golpe contra la humanidad había llegado. La Horda lanzó su primer ataque contra el desprevenido reino de Ventormenta. Al mando de Kilrogg Mortojo del clan Foso Sangrante y del ogro-mago Cho’gall del clan Martillo Crepuscular, se inició el asedio de la ciudad. El rey Llane contraatacó con sus caballeros y ante la sorpresiva contraofensiva, la Horda se vio obligada a replegarse. Ante esto, Gul’dan decidió colocar un Señor de la Guerra para toda la Horda, a quien pudiera controlar, cargo que recayó sobre Puño Negro el Destructor, del clan Cazatormenta, líder particularmente astuto y despiadado. Esto provocó desazón entre algunos de los jefes de los otros clanes, a quienes los soldados veían como líderes más aptos, en especial los héroes orcos Grom Grito Infernal (al que se le ordenó quedarse en Draenor para organizar la defensa) y Orgrim Martillo Maldito (designado como uno de los generales de Puño Negro en Azeroth).

Conforme las fuerzas de Azeroth y la Horda chocaban por todo el reino, los conflictos internos empezaron a afectar ambos ejércitos. El rey Llane, que creía que los bestiales orcos eran incapaces de conquistar Azeroth, decidió fortificar su posición HumanVSOrcen su capital de Ventormenta. Sin embargo, Sir Lothar estaba convencido de que la batalla debería ser un ataque directo al enemigo y se vio obligado a elegir entre sus propias convicciones y la lealtad a su rey. Escogiendo seguir sus instintos, Lothar partió hacia la torre-fortaleza de Medivh en Karazhan. Allí contó con la ayuda del joven aprendiz de Medivh, llamado Khadgar. Ambos creían que derrotando al poseído Guardián, encontrarían una solución del conflicto. Después de un asalto sorpresa, lograron darle muerte al cuerpo del Medivh y, sin saberlo, enviaron al espíritu de Sargeras hacia el Abismo. Como consecuencia, el puro y virtuoso espíritu de Medivh también fue liberado y pasó al plano astral. En el momento de la muerte de Medivh, Gul’dan se encontraba conectado psíquicamente con el corrupto Guardián, por lo que cayó en un estado de shock.

Aunque Medivh había sido derrotado, la Horda continuó su asedio sobre Ventormenta. Cuando la victoria de la Horda parecía cercana, Orgrim Martillo Maldito, jefe del clan Señor del Trueno y uno de los más grandiosos jefes de guerra orco, hábil estratega, con decisivo liderazgo, audacia y valor, comenzó a observar la depravada corrupción en que se habían sumergido los clanes desde su tiempo en Draenor. Los orcos, consumidos por su sed de sangre y guiados por el déspota Puño Negro, habían perdido totalmente su identidad. Secretamente, se reunió con su viejo camarada, Durotan, quien había regresado del exilio y le había advertido sobre los engaños de Gul’dan. En rápida retribución, los asesinos de Gul’dan mataron a Durotan y a su esposa Draka, dejando vivir únicamente a un pequeño niño orco.

Destrozado por la muerte de su amigo Durotan, Orgrim Martillo Maldito se decidió a liberar a la Horda de la corrupción demoníaca y asumir el rol de Señor de la Guerra y jefe del Clan Roca Negra, asesinando al títere de Gul’dan, Puño Negro el Destructor. En el momento en que Gul’dan cayó víctima del coma al morir Medivh, Orgrim asaltó la fortaleza del clan Diente Negro de Rend y Maim, hijos de Puño Negro, que tenían el propósito de vengar a su padre, y los envió de vuelta a Draenor. Capturando a Garona, la media orca, y la más letal de los asesinos de Gul’dan, mediante tortura la hizo confesar sus secretos. El Consejo de las Sombras fue descubierto y sus miembros ejecutados, a excepción de Gul’dan, quien al despertar y viendo lo que había pasado, ofreció a Martillo Maldito un trato que éste no podría rechazar: la formación de los Caballeros de la Muerte, para que hicieran frente a los Caballeros del Rey Llane. Martillo Maldito inició el ataque final sobre la ciudadela de Ventormenta. El rey Llane había subestimado el poder de la Horda e inició un desesperado intento de buscar ayuda contra los invasores pieles verdes. Sin embargo, fue asesinado por Garona, para que ésta demostrara así su lealtad a la Horda.

Lothar y sus guerreros, volviendo a casa desde Karazhan, no esperaban la muerte de su rey y la caída de su amada patria. Pero regresaron demasiado tarde y lo único que encontraron fue ruinas. La salvaje Horda había reclamado el país y todas sus tierras para sí misma. Forzados a ocultarse, Lothar y sus compañeros juraron salvar su patria cual fuera el costo.

 

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