Historia de los Tauren Monte Alto

No hay muchos secretos que contar sobre los Tauren Monte Alto, ya que al igual que los Nocheterna, en el propio juego podemos encontrar mucho sobre ellos.

No hay novedades como en los Elfos del Vacío y los Draenei Forjados por la Luz.

Pero hay mucho, muchísimo que contar sobre los Tauren, aunque nos vayamos a centrar un poco más en los Tauren Monte Alto por ser una Raza Aliada.

Este artículo contiene SPOILERS al final sobre la unión de los Tauren Monte Alto a la Horda como Raza Aliada. Puedes leerlo hasta el punto de unión a la Horda.

Los Tauren

Los Tauren, o Shu’halo, son un linaje muy antiguo. Antes de la Guerra de los Ancestros y del Gran Cataclismo, antes de los imperios Mogu y Troll, ya había ancestros de los Tauren viviendo como nómadas, principalmente en el centro de lo que hoy conocemos como Kalimdor. Eran llamados los Yaungol, progenitores de los Tauren.

Antiguamente, estudiaban el mundo natural bajo las enseñanzas del semidiós Cenarius, pero no les fue bien. El levantamiento del poder de los Trolls provocaba enfrentamientos continuos, y muchas veces los Yaungol estaban cansados de las luchas y buscaban un nuevo lugar para vivir. Y a pesar de los consejos de Cenarius, los Yaungol se dirigieron cada vez más hacia el sur.

Su viaje parecía tener buena pinta, fueron descubriendo nuevos lugares de caza aparentemente sin usar, y se fueron estableciendo como cazadores nómadas. Pero pronto vieron que las tierras estaban gobernadas por los despiadados Mogu. El físico poder de los Yaungol atrajo la atención del Emperador Qiang y ordenó someterlos.

La máquina de guerra rodó sobre las tribus Yaungol y una vez fueron sometidos, Qiang ordenó que se les aumentara su fuerza y su salvajismo.

Esta nueva versión no fue tan buena idea, ya que consiguieron levantarse y revelarse contra los Mogu e incluso contra otras razas del Imperio, y al final se liberaron.

Pero quedaron cambiados para siempre: gran parte de su cultura fue borrada, muchos estaban llenos de furia y enojados por lo que había sucedido con ellos. Querían usar la fuerza para crear una nueva forma de vida.

Poco a poco fueron haciendo batalla entre ellos mismos. Aún así, los Yaungol no buscaban una guerra entre ellos, así que finalmente en lugar de luchar, se separaron poco a poco.

Algunos de ellos permanecieron en las tierras que hoy en día conocemos como Pandaria. Éstos eran la facción más agresiva, y se volvieron hostiles contra el resto de las razas con las que compartían la región. Veían a la naturaleza como un componente que debía ser sometido, y utilizaron el fuego y el aceite en llamas como armas. Llegaron a venerar el fuego como símbolo de conquista. Hoy en día los podemos encontrar en las Estepas Tong Long, la cumbre de la Cima Kun-Lai y la Isla Intemporal.

No está claro qué papel jugó Ordos en la historia para los Yaungol, pero como chamán comprometido con los Señores del Fuego, podría haber sido quien les introdujo la adoración al Fuego.

Algunos Yaungol no estaban interesados en las ideas de Cenarius, ni tampoco con las ideas de los que se quedaron en el sur. No querían ser exclavos y acabaron dirigiéndose al norte, mucho más al norte de lo que pensaban, y acabaron en lo que hoy se conoce como Rasganorte.

Estos se vieron afectados por la proximidad de las máquinas de los Forjados por los Titanes en las Cumbres Tormentosas. Buscaban conquistar el mundo natural en una tierra de hielo. Acabaron siendo conocidos como los Taunka. Sus chamanes eran tan brutales como los Yaungol en cierto sentido, y buscaron el dominio de los elementos.

Vivieron con menos conflictos y aguantaron luchas y hasta la llegada del Rey Exánime los Taunka lograron coexistir con otros como los nerubianos, los furbolgs y los Vrykul sin tanto conflicto. Pero tras el ascenso del Rey Exánime sufrieron como todos y muchos se unieron a la Horda para asegurar aliados.

Las tribus que regresaron al centro de Kalimdor y encontraron a Cenarius se volvieron a conocer como Shu’halo. Se vieron alterados por el poder del Pozo de la Eternidad. Y a pesar de estar marcados por su cambiada naturaleza, aprendieron mucho del mundo natural y de sus caminos gracias al semidiós.

Pero habían llegado a un lugar donde los elementos se juntaban, donde el dominio no era la meta. No buscaban conquistar el mundo natural ni forzarlo a su voluntad, sino vivir como parte de él. Aún así, estuvieron en contacto con los Yaungol y los Taunka sabiendo que, pese a las muchas diferencias, seguían siendo un pueblo.

Y entonces, los demonios llegaron y Azeroth cambió. Y los Tauren también cambiaron.

Los Hijos de Huln

Huln Monte Alto era un Tauren normal de su época. Participó en la guerra entre las tribus de la montaña por la posesión se las tierras.

Cuando era joven, volvió a su hogar y encontró a su gente masacrada. Pero no por otros Tauren, ni por arpías, ni Furbolg, ni ninguna raza que conociera. Tomó Garra Feroz, la Lanza del Águila, y buscó a los líderes de las otras tribus con el fin de convencerles, para que se unieran para luchar contra una nueva amenaza. Pronto vieron los extraños cuerpos y sus sospechas se confirmaron cuando empezó la verdadera Guerra de los Ancestros.

Huln se alió a los Kaldorei a pesar de que algunos no admitían esta unión, y encontró a un amigo en Jarod Cantosombrío.

Mientras luchaban para abatir a la Legión salvó al gran alce blanco Eche’ro.

También derribó al Señor de Fatalidad Xyburn mientras el Pozo de la Eternidad explotaba y se tragaba a todos los demonios para mandarlos al Vacío Abisal.

Por su papel en la salvación de Eche’ro fue bendecido por Cenarius, y volvió a su tierra natal como un héroe. Pero no dejó de luchar, ya que el Dragón Aspecto caído, Neltharion, tenía una guarida en las laderas de la montaña sagrada. Huln fue a poner fin a la amenaza y se unió a los nativos Drogbar. Juntos, se enfrentaron contra el mal de las profundidades de la guarida de Alamuerte y encontraron el martillo de Khaz’goroth. Huln lo utilizó para desterrar a Alamuerte de Monte Alto.

El nombramiento de Monte Alto

Antes de los acontecimientos heroicos de Huln, la montaña no se llamaba Monte Alto. Este nombre se lo ganó cuando los Tauren y los Drogbar decidieron llamarlo así en honor a Huln.

Las cuatro tribus de la montaña que habían seguido a Huln a la guerra llevaron la Bendición de Eche’ro como el mismo Huln, e indiscutiblemente era el líder de su pueblo.

Pasaron miles de años hasta que se estableció un nuevo contacto entre los Tauren de Monte Alto y los de Kalimdor. Mientras que los Shu’halo que sobrevivieron en Kalimdor siguieron sus caminos nómadas, los de Monte Alto hicieron todo lo contrario. El pueblo de Huln siguió el camino de Cairne Pezuña de Sangre en las siguientes generaciones y se asentaron en una vida de caza, pesca y agricultura.

Huln siguió con sus aventuras durante este tiempo. Y aconsejado por un Caminaespíritu llamado Ebacuerno, que era particularmente leal a Huln, ayudó a proteger Monte Alto contra la influencia de los Dioses Antiguos. Luchó contra los Drogbar Necrooscuro corruptos que adoraban a los Dioses Antiguos.

Cuando Huln murió dejó su lanza a sus sucesores y su espíritu fue llevado por el Dios Salvaje Ohn’ara a el Águila para descansar.

El regreso de la Legión Ardiente

La gente de Monte Alto vivió tal como Huln les había enseñado durante años. Compartieron sus tierras y el Martillo de Khaz’goroth con los Drogbar que habían ayudado a Huln a derrotar a Alamuerte.

El mundo exterior no se preocupaba por ellos, ni siquiera llegaban a su hogar. Y no sabían nada sobre la llegada de Gul’dan ni del levantamiento de la Tumba de Sargeras desde el fondo del océano.

Pero cuando los demonios tomaron posesión de sus tierras y los alrededores, y empezaron a invadir el resto de las Islas Abruptas, se dieron cuenta que el Martillo de Khaz’goroth podía ser un objetivo de la Legión.

Pero lo que no pudieron prever fue la traición de los Drogbar bajo el mando de Dargrul. Utilizó el poder del Martillo para matar al jefe de los Tauren, Ulan, y a muchos de los Tauren de Monte Alto.

Mayla, hija de Ulan, asumió el papel de Gran Jefa, y con la ayuda del Caminaespíritus Ebacuerno y los nuevos héroes venidos de otras tierras, reunificó las tribus de Monte Alto y la tribu traidora Totem Sangriento fue expulsada por su decisión de unirse a la Legión y convertirse en los Tótem Vil.

Finalmente, Monte Alto fue salvado y el Martillo de Khaz’goroth fue recuperado y fue llevado a la Tumba de Sargeras para sellar los portales que usaba la Legión para invadir Azeroth.

Su unión a la Horda

Cuando la guerra contra la Legión terminó, la Jefa de Guerra Sylvanas Brisaveloz buscaba aliados para la Horda. Ordeno al Gran Jefe Baine Pezuña de Sangre que contactara con ellos. Y así lo hizo, invitando a Mayla y a su gente a una fiesta en su honor en Cima del Trueno.

Pero se complicó, ya que los agentes de los Dioses Antiguos se infiltraron en la fiesta e intentaron corromper al Caminaespíritus Ebacuerno y atacaron en la fiesta. A través del héroe que ayudó en Monte Alto durante la campaña a reclamar el Martillo de Khaz’goroth, los Dioses Antiguos no consiguieron su plan y Ebacuerno se salvó de la influencia.

Como resultado, los dos Grandes Jefes reafirmaron sus lazos de parentesco que se rompió con el Gran Cataclismo y la separación de Kalimdor. Mayla trajo Monte Alto a la Horda y Baine descubrió que el Caminaespíritus era un dragón negro.

Por primera vez desde la Guerra de los Ancestros, los hijos de Huln Monte Alto vuelven a caminar con el Shu’halo de nuevo. Lo que significa la reunificación de un pueblo orgulloso y poderoso.

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