Sylvanas Brisaveloz (Segunda Parte)

En este artículo, vamos a ver a la segunda parte de la historia de Sylvanas Brisaveloz como personaje dentro de World of Warcraft y las novelas que la rodean.

Puedes ver la primera parte en el siguiente enlace, donde te contamos su historia desde General forestal de Lunargenta hasta Cataclysm.

Durante Mists of Pandaria

Hemos dejado a Sylvanas con una Val’kyr menos en Cataclysm. Sylvanas y los Renegados retroceden tras los eventos que han sucedido.

El nuevo Jefe de Guerra, Garrosh Grito Infernal, ataca el punto estratégico de Theramore, donde se encuentra Jaina Valiente. Garrosh pide a los miembros de la Horda que colaboren con sus ejércitos en este ataque y Sylvanas envía algunas de sus fuerzas, lideradas por Frandis Farley, pero ella no se une a la batalla personalmente. El envío de tropas se redujo simplemente a mantener distraídos a los miembros de la Alianza y concentrarles en un solo lugar, encontrando el mejor momento para lanzar la bomba de maná que ha fabricado con el Iris de enfoque robado al Vuelo Azul.

Este plan fue uno de los primeros momentos en los que Garrosh consigue irritar al resto de miembros de la Horda, y cuando quiso que sus soldados asesinaran a Vol’jin se dieron cuenta de que era el momento de entrar en acción. Así, Vol’jin lidera la rebelión contra Garrosh y su horda y la Alianza y el resto de líderes de la Horda se unen en el Asedio de Orgrimmar.

En el asedio, vemos a Sylvanas durante el encuentro contra la Señora de la guerra Zaela, y justo antes de la batalla hace una oferta interesante a Lor’themar: levantar a los Elfos de Sangre caídos como Renegados y poder luchar juntos contra los ejércitos de Garrosh. Lor’themar rechaza esta oferta e incluso amenaza a Sylvanas si se atreve a hacerlo.

Tras los acontecimientos del Asedio de Orgrimmar, Vol’jin se convierte en Jefe de Guerra y Garrosh es detenido.

Pero a Sylvanas no le gusta demasiado el nuevo Jefe de Guerra y declara que no recibirá órdenes de un Trol, aunque decide mantener la lealtad a la Horda y ver hacia dónde irá a partir de ahora.

Crímenes de Guerra

En Mists of Pandaria hemos visto que no tiene demasiado protagonismo, pero en la novela de Crímenes de Guerra vemos que hay más que contar.

Tras el Asedio de Orgrimmar, Garrosh es juzgado en Pandaria. Tanto la Horda como la Alianza se encuentran presentes en el juicio, y un miembro de cada facción tiene que presentarse para defender a Garrosh o para dejar claro que se merece la muerte.

Baine Pezuña de Sangre se presenta como defensor y Sylvanas no está muy de acuerdo con esta decisión. Cuando la defensa de Baine es mejor de lo esperado, Sylvanas lo acusa de ser un “simpatizante de la Alianza”, provocando al Tauren. Pero mantiene la calma negando esta afirmación.

El odio de Sylvanas hacia Garrosh es muy fuerte y decide hacer otro plan. Pero en el momento que menos se lo espera, llega un mensaje inesperado junto con un paquete: “Una vez estuvimos en el mismo lado, quizá volvamos a estarlo de nuevo”. Dentro del paquete encuentra un collar, similar al que ella sostuvo una vez. La inscripción también era muy parecida al suyo, solo que estaba dirigido a su hermana menor: “A Vereesa. Con amor, Alleria…”.

Esta entrega está enviada por su hermana Vereesa con una citación. Y así sucede una reunión mucho tiempo esperada, aunque fueran solamente dos de las hermanas Brisaveloz. Vereesa había escuchado los rumores sobre su hermana y su destino, pero no había sido consciente de todo lo que había sucedido.

La reunión tenía un único propósito. Vereesa había sufrido mucho con Garrosh, fue el encargado de matar a su marido. Así que se encontraron en la Aguja Brisaveloz en las Tierras Fantasma y allí Vereesa le cuenta que puede hacer una poción que hará que Garrosh no sobreviva al juicio, del que tiene miedo que escape y no llegue a su sentencia. La idea era meter el veneno en la comida de Garrosh mientras estaba prisionero, un veneno que no se podría rastrear.

Mientras estaban haciendo los preparativos, Sylvanas supo que se su hermana se había casado con un humano, y que estaba unida a la Alianza. Pero lo más importante que supo fue el motivo de la venganza contra Garrosh, el hecho de que le hubiera arrebatado a Rhonin. Sylvanas acabó abrazándola y empezó a sentir emociones que no había sentido durante años, y se dio cuenta de lo sola que había estado durante tanto tiempo. Un día le comentó a Vereesa la idea de unirse a ella como líder también de los Renegados, y Vereesa aceptó. Pero Sylvanas sabía que los Renegados no aceptarían a un ser vivo en los puestos de mando, así que su plan sería matar a Vereesa tras el asesinato de Garrosh y hacerla renacer como no-muerta, aunque este último punto no se lo había comentado a Vereesa.

Pero Vereesa no había caído en un punto importante en cuanto a unirse a su hermana: sus dos hijos. Estaba tan centrada en la venganza que no lo había pensado. Entrañas no estaba tan preparada para ellos ni ellos para Entrañas. Tendría que dejarlos atrás.

Así que cuando llegó el momento, Vereesa fue la encargada de dejar el veneno en la comida de Garrosh. Pero el recuerdo de sus hijos fue más fuerte y fue corriendo hacia Anduin Wrynn, que justo iba a hablar con Garrosh, y le contó lo que había hecho. Con esta información, vuelve a Dalaran para estar con sus hijos mientras que Anduin hizo lo que tenía que hacer: le quitó a Garrosh el cuenco de comida de las manos antes de que se pusiera de comer.

Este hecho llegó a los oídos de Sylvanas y se sintió traicionada por su hermana. Se fue directamente al bosque y mató a todo aquel que se le interpusiera en su camino, a falta de una hermana a la que matar. Acabó arrodillándose y tapando su cara con sus manos, lloró. Poco a poco se fue recuperando y se levantó. Tendría que haberlo sabido. El dolor que había sentido al principio, cuando se atrevió a esperar algo diferente, a esperar el amor de nuevo, había sido una advertencia. Una advertencia de que ya no estaba hecha para sentimientos como la esperanza, el amor, la confianza o la alegría. Estos sentimientos estaban hechos para los vivos, y éstos eran débiles. Al final, volvió a montar en su caballo y supo que no debería volver a cometer el error de creer en que podía amar.

Durante Legion

Warlords of Draenor termina con una realidad alternativa en la que Gul’dan empieza a traernos a Archimonde a nuestra realidad. Maiev y Khadgar saben que ha abierto un portal para la Legion.

Al finalizar Cataclysm, Varian dice que debemos estar pendientes de Sylvanas y tenerla controlada, pero realmente no se toma ninguna acción, sino que le vemos trabajando con ella en una lealtad inexplicable. Anduin, el hijo de Varian, le ha estado enseñando sobre la paciencia, la tolerancia y la fe. Lo suficiente para trabajar junto a Sylvanas y la Horda durante el primer asalto en la Costa Abrupta.

Este asalto es una trampa que hace forzar a la Horda retirarse. Thrall se arrastra por el suelo y los demonios han atacado al Jefe de Guerra Vol’jin. Es el momento de decidir qué hacer, si seguir en la trampa o retirarse, así que Sylvanas decide que no es el día del fin de la Horda y acaba llamado a sus Val’kyr y haciendo una retirada, abandonando a la Alianza a su suerte. Varian acaba sacrificándose para que el resto de la Alianza pueda escapar. Pero este sacrificio traerá consecuencias, la primera de ellas que Anduin, su hijo, se convertirá en Rey.

Pero la Horda tampoco ha salido bien parada pese a la retirada. Vol’jin acaba muriendo por el veneno de su herida, pero los espíritus le han susurrado antes un nombre, el nombre de la que debería ser su sucesora como Jefa de Guerra: Sylvanas Brisaveloz.

Los jugadores, a pesar de la tensión entre la Horda y la Alianza que se sucede tras estos acontecimientos, en los que la Alianza piensa que la Horda les ha traicionado y dejado a su suerte, acaban estando juntos en Dalaran y en sus sedes de clase. Es la única manera de poder llegar a la victoria contra la Legion, estando juntos. El único conflicto real que encontramos entre las facciones es el que vemos para coger las torres en las zonas de JcJ y en la historia de Tormenheim.

El primer objetivo es encontrar los Pilares de la Creación que se encuentran repartidos por las Islas Abruptas. Estos Pilares son unos artefactos antiguos que permitirán sellar la grieta que ha abierto Gul’dan en la Tumba de Sargeras.

Tras los eventos de la Costa Abrupta, algunos miembros de la Alianza quieren dejar atrás sus odios y combatir contra la Legion, pero otros aún los sienten y no están dispuestos a olvidar. Tanto Genn Cringrís como el Almirante Rogers tienen un pasado con Sylvanas y la Horda. En el caso de Rogers, pierde su hogar por culpa de los renegados y la plaga a pesar de sus esfuerzos durante Mists of Pandaria. Mientras que Genn ha perdido la ciudad de Gilneas y a su hijo.

En Tormenheim es donde los vemos a ambos en una misión en la que saben que pueden encontrar la Egida de Aggramar, pero también están pendientes de los Renegados y la flota que ha sido enviada desde Durotar, sospechando que Sylvanas está detrás. Uno de los barcos de Sylvanas se separa del resto en una tormenta y acaba en Azsuna, donde encontramos el diario del capitán en el que habla sobre los planes de la Jefa de Guerra de robar el poder de la “v” para si misma, donde seguramente la “v” se traduce en una Val’kyr. Si juegas en la Horda, guardas el secreto de la misión cuidadosamente. Pero si juegas en la Alianza, acabas conociendo esta información y en seguida se lo transmites a Cringrís, por lo que está al tanto de lo que Sylvanas planea cuando llegue a Tormenheim.

Uno de los más grandes problemas para Sylvanas es que los Renegados no pueden reproducirse, por lo que en el futuro desaparecerán, y ella no está dispuesta.

La Reina Alma en Pena no quiere que sucedan los acontecimientos que vio mientras se tiraba desde Corona de Hielo. Las Val’kyr habían hecho un pacto con ella, con el que se éstas desvincularían del control de Bolvar mientras ella no llegara a entrar en el infierno que vio en las visiones, y poder tener la posibilidad de resucitar a más renegados. Había perdido unas cuantas Val’kyr y necesitaba encontrar el poder de la Val’kyr original para poder tener la habilidad de crear más.

La Horda y la Alianza luchan cuando llegan a Tormenheim, pero se separan y tienen que recuperarse de los daños que han sufrido. En el lado de la Horda, podemos ver que Sylvanas está feliz de haber usado a la plaga. Nathanos busca desesperadamente a su Reina que se ha ido a alguna parte y tenemos que encontrarla. Nos encontraremos con la Capitana aterradora Velapastrosa que fue la última persona en ver a la Jefa de Guerra, y nos cuenta que la vio irse en un bote de remos.

Sylvanas no quiere ser seguida por nadie y Nathanos nos advierte que debemos obedecer. Así que mientras tanto nos centramos en encontrar la Égida de Aggramar.

En la Alianza, vemos a Cringrís abatido, pero la mayor parte del ejército sigue en pie y tenemos que enviar una señal a la armada de la Alianza. Mientras tanto estamos recuperando objetos y medicinas para los heridos. Finalmente Cringrís es trasladado y seguimos buscando la Égida.

Ambas facciones hacen las misiones de la Égida de Aggramar y pasamos varias pruebas. En una de ellas vemos el juicio de Ashildir, reina de las Val’kyr. Nos enncontramos con el Vidente de Runas Faljar, que se encuentra haciendo magia oscura para intentar invocar al espíritu de Helheim, y si finalmente tiene éxito, perderemos la prueba y la Égida. Tenemos que evitar por todos los medios que esto suceda, pero fracasamos.

Helheim está gobernado por Helya, y es una forma de vida después de la muerte para los Vrykul. Los más grandes y poderosos Vrykul se ganan su lugar dentro de las Cámaras del Valor, mientras que los indignos son arrastrados hacia Helheim y convertidos en Kvaldir. No es un buen lugar estar entre los espíritus de los deshonrados, así que nos disponemos a reunirnos con Helya en un intento de convencerla de que nos deje volver al mundo de los vivos, pero aquí encontramos a la propia Reina Alma en Pena.

Sylvanas ha encontrado su propio camino para entrar en Helheim, pero no sabemos cómo lo ha hecho, aunque podemos imaginarlo. Tiene unas cuantas Val’kyr a su lado, así que es posible que las haya utilizado para poder entrar. Vemos que ha conseguido una linterna, pero no sabemos qué quiere Helya a cambio. No es revelado en ese momento y vemos cómo Sylvanas se va para usar su linterna mientras que estamos aturdidos en el sitio sin poder movernos. Pero Helya hace con nosotros un trato, en el que nos tenemos que enfrentar a su mascota.

Ashildir, la Reina de las Valkyras, se da cuenta de que nuestro espíritu es más débil y nos pide que consigamos un Vialuz de Helheim, que tiene el poder de liberar los lazos del alma y lo usamos no sólo para obtener los fragmentos de nuestro espíritu, sino también para liberar a varias de las Valkiras de Ashildir. Juntos lucharemos contra Geir y derribamos al poderoso campeón de Helya, ganándonos nuestra libertad y escapando de Helheim, así como ganándonos la confianza de los Ashildir, algo que será de utilidad más adelante.

Los miembros de la Alianza son llamados por Genn Cringrís. Los ejércitos de los Renegados se están repartiendo por la zona y tenemos que destruirlos antes de que nos destrocen a nosotros y sigan esparciendo la Plaga. Mientras tanto, también vamos averiguando sobre los objetivos de Sylvanas en la zona, con lo que nos encontramos con algo en Skold-Ashil, un poblado Vrykul.

Los jugadores de la Horda son llamados por Nathanos, y se les pide disparar catapultas de los Renegados, matar a las tropas de los Huargen e ir a por el barco en el que se encuentra Cringrís.

Nathanos cree que no es posible que Cringrís sobreviva a la destrucción, por lo que la Horda viaja a Skold-Ashil para seguir con la misión de Sylvanas. Una vez allí, nos encontramos con la Reina Alma en Pena que no está contenta con sus ejércitos porque no han podido asegurar la zona. Debe hacer un cambio táctico y tenemos que estar preparados. Sylvanas no tiene tiempo para explicar los detalles, simplemente nos dice que es vital para los Renegados que esto salga bien. Tenemos que averiguar cómo podemos ser elegidos para entrar en la Cámara, que se encuentra grabado en unos escudos. Estos escudos muestran la historia de como la diosa Eyir vigila a los Vrykul en la batalla. Los guerreros de Skold-Ashild son sometidos a varias pruebas en una imagen en la que las escuderas están arrodilladas ante una elaborada lanza. Las sacerdotisas del templo se encuentran cerca en silencio y observando el rito. En la siguiente escena, vemos a una de las escuderas brillando con un aura radiante, que se mantiene en lo alto con unas alas doradas mientras se cierne sobre una estatua de un antiguo campeón de Skold-Ashil. Eyir se encuentra a la entrada de la bóveda del Titán, y parece estar dando la bienvenida a una campeona alada. El escudo final muestra la imagen de una escudera que levanta el cuerpo de un Vrykul caído del campo de batalla, y esta imagen aparece inquietantemente similar a la de una Val’kyr.

A partir de esto, podemos decir que las escuderas se someten a algunas pruebas para demostrar que son dignas de entrar en la bóveda donde Eyir las juzga y, si se las encuentra dignas, las convierte en Val’kyr. Este descubrimiento significa que Eyir tiene el poder de crear más Val’kyr, y considerando que las Val’kyr mantienen a Sylvanas fuera del infierno, así como la capacidad de crear más tropas, el dominio sobre ésta aseguraría el futuro no sólo de Sylvanas sino también de los Renegados. También es algo que, desde el punto de vista de la Alianza, no puede ocurrir. A ambas facciones se les dice que se conviertan en el próximo ascendente, y para ello, tenemos que recoger el equipo de batalla de Eyir y comunicarnos con la estatua de una antigua campeona de Skold-Ashil y derribar la barrera. Por suerte, esta antigua campeona es Ashildir, la misma Ashildir con la que estuvimos en Helheim y que fue la que una vez trajo a las escuderas al Skol-Ashil.

Al conocernos, Ashildir nos otorga la entrada a la cámara para encontrarnos con Eyir, pero nos revela que su superior puede que no esté tan a favor nuestra. Esta oportunidad abre un camino a Sylvanas para intentar someter a Eyir, y Cringrís en seguida va tras ella.

Genn Cringrís consigue su venganza por lo que pasó en la Costa Abrupta y por lo que Sylvanas hizo a su ciudad y sobre todo a su hijo. Necesitará tiempo para curarse de la herida que ha recibido de la flecha envenenada de Sylvanas, mientras que Sylvanas lamenta haber subestimado la tenacidad de Cringrís, pero Eyir no puede esconderse por mucho tiempo. La buscará a través de las Cámaras del Valor si es necesario, así que parece que la Reina no dejará de intentar conseguir el poder de Eyir.

El resto de la historia de Legion está más envuelto en otros personajes, donde traemos de vuelta a Illidan, cerramos la brecha de la Tumba de Sargeras y se abre otra entre Azeroth y Argus, el hogar de la Legion Ardiente. Viajamos a Argus para frenar a la Legion de una vez por todas y volvemos a ver a viejos héroes como Turalyon y Alleria. Alleria obtiene los poderes del Vacío y lucha contra los enemigos. Al final, llegamos al alto del Panteón y acabamos encarcelando a Sargeras. Pero esta victoria es vacía, porque Sargeras se encarga de clavar su espada en nuestro planeta causando un gran daño al espíritu de Azeroth. Su sangre es conocida como la Azerita, que va saliendo a través de todo el mundo, y tiene en su sustancia un gran poder que cambiará el rumbo de la guerra.

Antes de la Tormenta

Volvemos a hablar de Sylvanas en una novela en la que cobra un gran protagonismo.

Gallywix descubrió la azerita por primera vez en la zona de salida de los Goblins, en Kezan. La aparición de Alamuerte o el Cataclismo podrían no haber sido la razón de que su volcán se pusiera en marcha y destruyera su pequeña isla, sino más bien podrían haber sido los Goblins cavando tan profundamente que encontraron la sangre del mundo, dando con la Azerita por primera vez en la historia. La colocó en su bastón para protegerla, y con los recientes acontecimientos el mineral ha vuelto a cambiar de color rojo a dorado. Tocarla tiene efectos increíbles en la gente. Da sensación de ser poderoso, los pensamientos corren por la mente, no simplemente cálculos, sino ideas astutas, inteligentes y brillantes, espantosamente brillantes. Puede curar el alma, destruir civilizaciones, es un poder que nunca se ha experimentado.

Aquel que lo toca tiene una experiencia similar a sus propiedades, aunque es una sustancia desconocida y nueva por el momento, el potencial de la misma es instantáneamente aparente. Se especula que también podría tener algunas habilidades para controlar la mente, pero no parece ser así. En lugar de eso, se trata de que el individuo sepa cómo debe utilizarlo.

Sylvanas no se ve como una Dama Oscura o como una Reina. Es una diosa de la destrucción y la creación. Puede levantar a ejércitos, ciudades, culturas. Pero también puede destruirlas. Ventormenta sería la primera, acabaría con su gente para poder aumentar a la suya.

Anduin, sin embargo, reacciona de manera totalmente diferente a la Azerita. En su cabeza surgen estrategias, cada una más exitosa que la anterior, las cuales puede utilizar para asegurar la paz y el beneficio de Azeroth. No solamente piensa que puede escalar montañas, sino que puede moverlas. Puede finalizar la guerra canalizando la Luz en cada rincón oscuro de Azeroth. Se siente prefecto, lleno de calma y exultante, totalmente tranquilo y confiado en cómo dirigir este río de energía y poder. Ni siquiera la Luz lo afectó así. La sensación era similar pero menos espiritual, más física. Más alarmante.

Hay algunos entre la Alianza que quieren usarlo en asuntos ofensivos como Rogers, pero Anduin tiene muy claras sus intenciones, y el resto sigue su ejemplo.

Vemos en la novela la historia de una pareja de gnoma y goblin que encuentran maneras de usar la azerita como armadura, antídotos y, por supuesto, armas. Al final, Sapphronetta y Grizzek no quieren entregar su trabajo a la Horda, ya que saben lo que pasará con él, que se utilizará contra la Alianza. Pero no tienen opción, ya que durante su huida son capturados, atados a una bomba que después explota…

La Azerita es la sangre de la vida de este mundo, su esencia, y Magni Barbabronce puede escuchar a Azeroth de nuevo, su agonía. El mundo se está muriendo, y se lo cuenta a la Horda y a la Alianza porque es un problema que afecta a toda la vida del planeta, y se quiere asegurar de que todo el mundo entiende cuál es la prioridad.

Cuando habla con la Alianza, en seguida se ponen en marcha y mandan exploradores de la Liga de Expedicionarios para que se unan al Círculo Cenarion y al Anillo de la Tierra en Silithus. Se pregunta a la Horda si va a sacar a sus Goblin de la zona porque están justamente haciendo lo contrario a lo que se debe hacer y que si no paran, debemos empezar a buscar otro mundo al que llamar hogar. A Sylvanas no le entusiasma mucho Magni, pero deja que Baine se responsabilice de la sanación de Azeroth tras decirle que deje de comunicarse con Anduin.

Al ser nombrada Jefa de Guerra, los Renegados crean por su cuenta un grupo llamado Concilio Desolado, una organización que se encarga de ayudar a Sylvanas en el gobierno de Entrañas, dado que ella ya no tiene tanto tiempo para estar con su gente. Mientras que otros miembros de la Horda critican que no se muestra atenta con las otras razas, su propia gente dice que les dedica demasiado tiempo. Ya no tenemos a otro Putress, no parece haber intención de tomar Entrañas y tener el control de manera traicionera, solamente se quiere tener un gobierno que pueda atender las necesidades de los ciudadanos. Pero como los Renegados tienen cierta libre elección, demostrado desde el primer momento en que decidieron unirse a su Reina, también tienen la opción de no estar de acuerdo con sus puntos de vista. Sylvanas ha visto el infierno y quiere estar viva para siempre, pero algunos han empezado a preguntares si realmente quieren estar siempre en el mundo de los vivos.

En este tiempo, el mayordomo de Anduin, Wyll Benton, se encuentra en sus últimos días y siente no poder ver a su amada esposa Elsie esperándole. Si realmente murió en Lordaeron, debería estar esperando, y si sobrevivió habría encontrado la manera de volver para reencontrarse con su esposo. La última petición hacia Anduin es que si la encuentra, le diga que siempre la ha amado a ella y que estará esperándola.

Elsie, fue convertida en no-muerta y en estos momentos, es la líder del Concilio Desolado. Entre los Renegados hay miembros a los que le gustaría volver a ver a la parte de su familia que aún está viva. Recordemos que hace tiempo los Renegados quisieron formar parte de la Alianza, pero los mensajeros nunca volvieron a Entrañas, y presumiblemente fueron asesinados rechazando la invitación por considerarles repulsivos, pero los tiempos cambian. Han pasado unos cuantos años y hay un nuevo liderazgo. Y también hay más unidad entre los vivos y los muertos, y un ejemplo es Alonsus Faol que fue uno de los responsables de la creación de los Paladines en la Alianza, que volvió como un Sacerdote no-muerto y que trabajó con Sacerdotes de todo el mundo y raza para luchar contra la Legion.

¿Se pueden volver a ver los Renegados y los Humanos?

Al principio, se les pregunta quiénes estarían dispuestos a reencontrarse entre ellos, entre los familiares más cercanos, en ambos lados, Renegados y vivos de Ventormenta. Se establecen negociaciones sobre cómo hacerlo ya que las dos partes no son precisamente amigos entre ellos. Y además Sylvanas tiene algunas reservas sobre el asunto. Se preocupa por los Renegados y piensa que esto solo llevaría dolor a su gente. No pueden volver a ser humanos, y puede que acaben insatisfechos con lo que son ahora.

Puede desencadenar que los Renegados acaben destrozados, queriendo algo que nunca podrán tener. Pero Nathanos le hace saber a Sylvanas que ella también podría usar esto a su favor. Muchos renegados desean que su próxima muerte sea su última muerte. No quieren seguir existiendo. Y una razón comúnmente citada es que quieren estar con aquellos a quienes amaron mientras vivían. Si ella autorizara esta reunión con las personas que amaron en la vida y se lo presentara como algo que ella generosamente les ha concedido, quizás estarían más dispuestos a aceptar su solución: encontrar maneras de evitar que los renegados se extingan como raza. Es sólo por un día. Darles esta esperanza, este momento con gente que pensaron que nunca volverían a ver. Entonces ella tiene poder sobre su felicidad, al menos en este aspecto. O podrían decidir que odian a los vivos y ser más devotos a su Dama Oscura. De cualquier manera, Sylvanas ganaría.

Tal como se planea sucede el encuentro y mientras que algunos humanos, a pesar de estar de acuerdo en el reencuentro al principio, deciden darse la vuelta en el último momento y romper al renegado mostrado como familiar, otros finalmente tienen esta esperada reunión familia, y no quieren que termine el día. Uno de los Renegados se acerca a una de las Sacerdotisas que se encuentran en la reunión porque la ha reconocido, y ésta Sacerdotisa es Calia Menethil, hermana de Arthas.

Poco se sabe de Calia, solo que se enamoró secretamente de un hombre que no pertenecía a la nobleza, se casó y tuvo un hijo, pero todo esto sucedió antes de la Plaga de Arthas. No recuerda demasiado sobre el momento en que su hermano invadió Lordaeron, solo que acabó en un foso mientras que la Plaga la pisoteaba. Después, durante un tiempo fue feliz y nadie la reconoció y se asumió que estaba muerta. Encontró a parte de su familia, pero esta felicidad fue durante un tiempo, ya que llegó de nuevo la Plaga y acabó sola.

Pero aunque creía que había sido olvidada, fue reconocida por Anduin, e incluso al principio no le gustó la idea de Anduin de reunir de nuevo a renegados y humanos. Ella era la heredera del reino de Lordaeron y podría reclamar el trono. Pero aquellos que habitan Entrañas actualmente fueron los habitantes de Lordaeron. Les pertenece a ellos, y lo mejor que podía hacer era ser simplemente una sacerdotisa más que ofrecía su ayuda en caso de que se necesitara.

Pero como decíamos, los Renegados que se reencuentran con sus familiares no quieren que este día finalice. Y en contra de todas las reglas establecidas para el reencuentro, algunos Renegados le piden a Calia que estén allí por ella y comienzan a andar hacia el Castillo de Stormgarde, lejos de la Reina Alma en Pena.

Cuando Sylvanas se da cuenta de lo que está sucediendo, ordena a sus forestales oscuras disparar, pero además le añade su toque: asegurarse de que solamente se matan sus propios Renegados para que no comience una guerra entre la Horda y la Alianza.

Por desgracia, no todos los Renegados, no todos los miembros del Concilio Desolado quisieron abandonar a su Reina. Ni siquiera por Calia. Querían volver con ella y comenzaron a correr cuando se dio la señal de vuelta, pero fueron disparados igualmente. Nathanos se quedó sorprendido por este acto, pero Sylvanas le dice que tampoco está segura de si su vuelta es por miedo o por lealtad, así que por eso toma esta decisión. Los únicos que se salvan son aquellos que volvieron porque fueron rechazados por los humanos.

La Dama Oscura dispara y alcanza el cuerpo de Calia, mientras Anduin corre hacia ella para salvarla. Anduin se lleva el cuerpo de Calia al Templo de la Luz Abisal. Él sabe que Sylvanas no quiere una guerra en estos momentos, pero ha roto las reglas del encuentro y ha matado a una persona de los suyos. No obstante, Calia realmente no es una de los suyos, fue una ciudadana de Lordaeron y él ha sido el que ha traído a la posible usurpadora al encuentro.

Cuando llega al Templo de la Luz Abisal, Alonsus y otros miembros están esperando, para devolverle a la vida junto con la Naaru Saa’ra.

Tras los eventos, Genn y Anduin hablan de lo sucedido. Genn no estuvo muy de acuerdo con la idea de reunir a los humanos con los Renegados. Tras este fracaso, Anduin ya no espera la paz.

Hay gente que no puede cambiar, pero hay gente que sí puede. Sylvanas es una de las personas que nunca van a cambiar. “Creo que Sylvanas Brisaveloz nunca podrá redimirse”.

Tres Hermanas

La reunión que tanto esperábamos, finalmente sucede. Las tres hermanas Brisaveloz se reúnen. Y es el momento de ver si le queda algo de afecto a Sylvanas.

Tras llegar a Azeroth, Alleria se entera de todo lo sucedido con sus hermanas: Sylvanas es la Jefa de Guerra y Vereesa es la general forestal del Pacto de Plata.

La voz del Vacío susurra constantemente a Alleria. Pero cuando Sylvanas aparece el Vacío se vuelve frenético. Quiere que acabe con ella pero Alleria ignora las voces, y las tres hermanas acaban cabalgando juntas. Sylvanas sugiere jugar a un juego, en la que cada una tiene que decir tres cosas, una de ellas mentira y las otras verdad, y al final tienen que decir cuál es cuál. Pero no revelan cual es la mentira hasta que lleguen a la Aguja Brisaveloz.

Alleria es la primera:

Primero… os he echado mucho de menos a las dos. Segundo: los poderes del vacío son un obsequio formidable. ¿La última? No me arrepiento de haber cruzado el Portal Oscuro hace años.

La segunda en hablar es Vereesa:

Primero… creo en los Elfos de Sangre. Pienso que pueden ser redimidos. Segundo, por fin he encontrado la paz con respecto a la pérdida de mi amado Rhonin. Y por último, temo perderos a las dos… para siempre.

Y la tercera es Sylvanas.

Primero, a veces desearía seguir viva. Segundo, estoy orgullosa de ser Jefa de Guerra de la Horda. La última… nunca os traicionaré, hermanas mías.

Cuando llegan a la Aguja es hora de revelar las mentiras. Vereesa mintió sobre la superación de la muerte de Rhonin. Lo ve todos los días en los ojos de sus hijos.

Alleria mintió sobre los poderes del Vacío. No son un regalo. Es una lucha incesante.

Y Sylvanas… rehusa a responder. No terminan bien y finalmente Vereesa y Alleria acaban marchándose. Sylvanas se queda sola, pero en realidad no lo estaba, ya que sus forestales oscuras estaban escondidas, sorprendidas de que no había dado la orden que esperaban para atacar. La Dama Oscura les dice que es mejor dejarlas marchar hacia sus tristes vidas, porque al final acabarán sirviendo a la muerte, y a ella en particular.

Quizá Sylvanas no estaba jugando bien el juego con sus hermanas. Se supone que debe haber dos verdades y una mentira. Dice que nunca las traicionaría, pero precisamente eso es lo que pretendía hacer. Dice que estaba orgullosa de ser la Jefa de Guerra de la Horda, pero sabemos que nunca quiso este cargo porque siempre quiso trabajar a su aire en las sombras. Y finalmente, les dice que a veces le gustaría estar viva, que a veces parece ser cierto ya que no parece ser que le guste ser una no-muerta, aunque le guste infligir dolor y maldecir a otros.

En Battle for Azeroth

Para asegurar la paz para la Horda, decide que ha llegado el momento de ir a por la Alianza de una vez por todas. Junto con Colmillosauro confecciona sus planes en secreto. La idea es capturar el árbol del mundo, Teldrassil. Evidentemente, la Alianza buscará venganza, pero la Horda tendría a los ciudadanos como rehenes y la Alianza no se atrevería a atacar Entrañas por miedo a su pueblo. Les llevaría años reunir una flota incluso para intentarlo. Habría luchas internas entre sus filas, y si la Alianza no marcha como una sola, cada nación actuaría en su propio beneficio. Cada ejército regresaría a casa para proteger a sus tierras de la Horda. Una sola victoria paralizaría a la Alianza durante años, destruyéndola desde dentro. Entonces podrían lograr la paz con cada una de las naciones y separarlas de la Alianza, pieza por pieza. Los líderes de los elfos de la noche, Malfurion Tempestira y Tyrande Susurravientos eran, por supuesto, objetivos poderosos y dignos de eliminar.

Vemos su fuerza durante la campaña de Costa Oscura cuando la Reina Alma en Pena se enfrenta al Archidruida, que casi pierde la batalla. Sin embargo, Colmillosauro llega y con un golpe deshonroso por la espalda, salva a su Jefa de Guerra. A pesar de tener a su presa justo delante de ella, decide dejar que Colmillosaudo termine el trabajo, una elección que va contra el honor del viejo solidado y no cumpliendo, obligándole a permitir que Tyrande salve a su amado. Él no lo haría, no de esta manera, así que cuando regresa junto a su Jefa de Guerra sin la cabeza de Malfurion, a ella se le ocurrió una idea diferente. Esta conquista de Darnassus sacudiría al pueblo Kaldorei. Llorarían por su pérdida, temerían y temblarían ante la idea de que la Horda saqueara sus hogares. Pero no caerían en la desesperación. Ya no más. La supervivencia imposible de Malfurion les daría esperanza. Su herida sanaría. Incluso en esta hora oscura, Elune todavía nos vigila. Elune había intervenido. Y no sería la única fuerza más allá de la Alianza que se opondría al objetivo real de Sylvanas. Ese verdadero objetivo todavía se mantiene un poco en la oscuridad, pero en ese momento la Dama Oscura acaba con un plan diferente.

Delaryn Luna de Verano es forzada a ver cómo Teldrassil es quemada, y a su gente también, maldiciendo a Elune en sus últimos momentos por haberlos abandonado. Colmillosaudo no está contento con las acciones de Sylvanas porque ésta no es la Horda para la que se alistó. La Alianza vendrá a por ellos después de estos actos, y tenía razón ya que el asedio de Lordaeron siguió a la quema de Teldrassil.

Durante los preparativos del Asedio a Entrañas, el Viejo Soldado se encuentra roto y preparado para encontrar a la muerte en combate enfrentándose por sí solo a la Alianza. Pero Zekhan lo encuentra y le convence para vivir un día más, para luchar por los hijos de la Horda. Colmillosauro no puede abandonar en un momento tan importante. Pero Sylvanas de nuevo le vuelve a mostrar que el honor no significa nada para ella. Desata la plaga, no solamente sobre la Alianza, sino también sobre la Horda. Los caídos son resucitados para servir a su reina en la muerte. Desesperado, Colmillosaudo intenta a recordar a los soldados de que ese no es el camino, pero no es el Jefe de Guerra. La Alianza finalmente consigue entrar en la ciudad a pesar de las trampas de la Reina Alma en Pena, y se enfrentan a Colmillosauro. Pero una vez más, la muerte de este gran guerrero es denegada, y Anduin decide llevarle prisionero.

Y aunque parece que la Alianza ha ganado la batalla, Sylvanas está preparada y acaba destrozando la ciudad intentando dejar dentro a Anduin y al el resto de héroes que le acompañan.

Cuando Sylvanas vuelve a Orgrimmar, planea un encuentro secreto con la Princesa Talanji, hija del Rey Rastakhan, el líder de los Zandalari. Cuando la princesa estaba en ruta a la reunión es capturada por la Alianza y encarcelada en las Mazmorras de Ventormenta. Los jugadores de la Horda son reclamados para rescatarla, utilizando como pretexto el encarcelamiento de Colmillosauro aunque finalmente no salimos con él, sino con la Princesa y el Profeta Zul. Pero cuando conseguimos salir no volvemos a Orgrimmar, sino que viajamos directamente a Zandalar, donde prestamos nuestra ayuda con los problemas que hay en Zuldazar, Nazmir y Vol’dun, mientras estamos en guerra contra la Alianza.

Mientras que estamos en esta persecución en la Campaña de Guerra contra la Alianza, Sylvanas descubre el cuerpo de Derek Valiente, el hermano de Jaina, y decide levantarle para usarlo contra la Alianza, a pesar del horror que esto produce a los líderes de la Horda y a Derek. También rescata de la prisión de Tol Dagor a Lady Gobernalle, que ha traicionado a la gente de Kul Tiras y a la familia Valiente.

Tras la muerte del Rey Rastakhan en el asalto de la Alianza en la Batalla de Dazar’alor, la nueva Reina Talanji rehusa arrodillarse ante Bwonsamdi y Sylvanas acepta a regañadientes a los Zandalari como iguales en la Horda.


La historia continúa en Battle for Azeroth, donde estamos en estos momentos con un destino incierto sobre Sylvanas, pese a la especulación de que queda claro cuál será. Creemos que a Sylvanas le espera un destino diferente a su tercera muerte. Pero toca esperar al final de Battle for Azeroth, al menos por ahora. La semana que viene, con el lanzamiento del Parche 8.1.5 llegará más historia que, pese a ser vista en los RPP, queremos esperar a que salga en vivo y que todos puedan disfrutar de los momentos que nos esperan.

 

*Fuentes: Warcraft III, Arthas, la ascensión del Rey Exánime, Wowhead, Blizzard Watch, WoWPedia, Antes de la Tormenta, World of Warcraft.

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